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"Cooking"
Basado en Harry Potter
By Katrinna Le Fay  

 

-¡MALDITA SEA!. Gritaron desde la esquina, cuando un apila de hoyas y sartenes cayó al piso con un estrépito.
 

Remus solo movió la cabeza de lado a lado, sonriendo discretamente mientras cortaba algunas verduras para la sopa.
 

-¿A quién se le ocurrió la grandiosa idea de cocinar para los chiquillos de primero?. Preguntó una voz por de más enfadada.

-A quién más sino a la “Gryffindor” esa. Respondió mordaz el rubio Slytherin.

-¿Por qué no le dices a tú novia que cierre la boca cuando debe Potter?. Cuestionó Snape desde el lavadero.
 

James Potter se sonrojó notablemente. Era verdad que había estado saliendo con Lilly Evans, pero no era su novia, era más bien para distraer su cabeza con alguien y no recordar al pálido chico que sonreía a su lado.
Sirius sonrió, sin duda pensaba que su amiga pelirroja y el chico de anteojos formaban una linda pareja, pero cuando le preguntó a James el porque no se declaraba, solo recibió por respuesta: No, porque a pesar de todo no puedo olvidarle.
Sirius no quiso cuestionar, pero sospecho de un amor no correspondido. Igual que él.
 

-Bien, yo he terminado con esto. Me marcho. Dijo Grand sacándose el blanco mandil y lanzándolo al piso.-Ha, y Potter, cierra la boca de esa Evans antes de que nos manden a criar gusanos de fuego en el bosque prohibido. Es una advertencia. Sentenció el moreno, antes de salir por la puerta y azotarla.
 

Nadie dijo nada y es que si no fuera por la pelirroja, nadie estaría en ese momento en las cocinas del colegio.
Simplemente la chica prefecta había opinado que el “grupo experimental” debía hacer alguna obra de caridad y como los chicos de primero tenían una excursión el fin de semana, ellos debían por lo menos hacer la comida que llevarían.

La profesora McGonagall opino que aquello era una gran idea y esa, básicamente era la razón del enfado de algunos y de la risa de otros.
Cada chico tenía una tarea y hasta no finalizarla no saldrían de la cocina. Encanto “encierro” facilitado por la jefa de Gryffindor para asegurar el trabajo.
 

-Bien, terminé esta...esta...cosa. Dijo Lucius Malfoy, mirando su remedo de flan napolitano, que más parecía gelatina sin congelar.
 

 Sirius rió a carcajadas, seguido por James, quienes no resistieron ver lo poco “ingenioso” que era el rubio en la cocina. Simplemente el rubio era un fiasco cocinando.
 

-Idiotas. Murmuró el rubio, siendo controlado por Snape para evitar maldecir a los Gryffindor burlones.

-No les hagas caso Lucius. Contrólate. Insistía el estoico chico, pero en realidad él también estaba arto de estar encerrado en la cocina. El arte culinario no era su fuerte y preparar el ponche energético especial de madame Pomfrey, no era exactamente como preparar una poción. Él también estaba por fulminar a los chicos burlones.  

-¿Eso es un Flan?. Por Dios, parece excremento de hipogrifo. Rió Sirius señalando el postre.

-Sí, o babas de bubotubérculo. Rió James, sosteniendo su estómago para que no le doliera tanto.
 

El par de Slytherin estaban a punto de lanzarse hacia los bromistas o incluso, listos para un duelo de hechizos, pero la siempre oportuna presencia de alguien, solucionó el asunto.
 

-Pues no está tan mal, para ser la primera vez que cocinas Malfoy. Es delicioso. Murmuró Remus Lupin, comiendo un poco del Flan del rubio.
 

Las risas pararon y cuatro pares de miradas se posaron en el chico pálido que había dado su punto de vista.
 

-Es rico. A los chicos de primero les encantará. Volvió a decir mientras sonreía.
 

Si hubiera sido caricatura japonesa, ya hubieran caído de espalda, pero el “refinamiento” de ciertas personas lo impidió.
Remus estaba sonriendo e incluso siendo amable. ¿Desde cuando el chico sonreía y no estaba distante?.
 

-Creo que...los golpes te han afectado el cerebro Remus. Dijo Sirius tocando la frente de su amigo.

-Si. ¿Raiya te golpeó duro ayer, verdad?. Preguntó James tomando el pulso del chico pálido.

-No, en verdad, pruébenlo. Es delicioso. Rió Remus, ante la incredulidad de sus amigos.
 

Tanto uno como otro hicieron una mueca de asco y Remus rió a carcajadas. Seguramente sus amigos pensaban que Lucius iba a envenenarlos.
Y en lugar de asombro, los Gryffindor rieron también. Su amigo estaba recobrando su buen y simpático humor, pero los Slytherin no dejaron de asombrarse ante el cambio, más Severus, que no podía creer el cambio tan repentino.
 

-Si quieres yo puedo arreglar un poco el flan. Ya he terminado de hacer mis deberes. Se ofreció Remus y el rubio solo pudo asentir con la cabeza. Su voz estaba demasiado quebrada por la emoción. Quiso comerse a besos a su cachorro y la verdad, no era para menos.

-Bien.

-Pero Remus, debemos irnos.

-Recuerda que Peter nos espera. Murmuraron James y Sirius, mirando al Slytherin con fiereza.

-Yo cumplo mis promesas, ya lo saben. Dijo simplemente el pálido chico.
 

James y Sirius se miraron, no pensaban dejar a su amigo solo y mucho menos en compañía de las dos serpientes. Ellos ya habían terminado su labor y solamente esperaban a su amigo.
 

-Pueden irse si gustan, yo me retrasaré un poco con esto. Sonrió Remus, mostrando el Flan que comenzaba a caerse.

-No, te esperamos. Debatió Sirius.  

-Pues...no podré salir hasta que termine con esto. Si gustas, tú también puedes marcharte ya Lucius, he intercambiado nuestros deberes y ahora tú quedas libre. Sonrió Remus.
 

Los tres chicos no se movieron. Dos por el simple hecho de negarse a partir sin su amigo y el otro por dejar solo a su cachorro con Severus Snape.
Y entonces los tres lo decidieron al mismo tiempo, no se moverían de la cocina hasta que Remus saliera de ella.  

Severus gruñó y continuó experimentando con la bebida. Ya había utilizado más de diez ingredientes y ninguno sabía como la muestra que la enfermera le había dado. Simplemente aquello era un reto personal y no había pócima o bebida que él no pudiera realizar. Aunque tuviera que esperar toda la noche, él no se rendiría hasta lograr su cometido.  

Remus hizo caso omiso a los tres chicos que lo miraban y trató de recordar el hechizo más eficaz para que el flan de Lucius tuviera forma de cono perfecto o por lo menos algo que fuera presentable. Además, tenía que poner varios hechizos para que el postre no se derritiera antes de comerse y pensar en el transporte, el molde perfecto en el que sería trasladado, un hechizo anti movimiento y por supuesto, el caramelo perfecto que le diera el toque dulzón al postre. Aquello era una tarea digna de pensarse con detenimiento.
 

-¿Qué tanto piensas?. Cuestionó James enfadado.

-Es un simple flan, solo dale una estúpida forma y marchémonos. Asegundó Sirius.

-No es tan simple. Tiene que ser algo...perfecto. Murmuró, poniendo una mano en su mentón y mirando los diferentes ángulos de la plasta amarillenta sobre la mesa.
 

Los tres chicos suspiraron. Olvidaban que Remus era la perfección en persona.
 

-En verdad, pueden irse. Propuso Remus sin mirar a sus compañeros.

-¡NO!. Gritaron los tres al unísono, propiciando miradas de rencor.
 

Remus solo rió.
 

-Oh, yo lo haré por ti. Dijo Sirius, levantando su varita, arto de esperar. Pero en el preciso momento en que su boca se abrió, una mano le retiró la varita en el acto.  

-¿Ayudando, señor Black?.
 

La voz seca e inexpresiva de la profesora McGonagall los sorprendió a todos. Su mirada de hielo puro estaba congelando a Sirius.
 

-Yo solo...

-Si ya terminaron, entonces márchense. Están obstruyendo el trabajo de sus compañeros.

-Pero profesora...

-Nada de peros señor Potter. No es válido ayudar y mejor márchense de aquí antes de que pierda la poca paciencia que tengo hoy. Ordenó, entregándole a Sirius su varita y fulminando a los otros dos con la mirada.
 

Ante la imposibilidad de hacer algo, los tres chicos se retiraron a regañadientes, orando porque nada sucediera mientras Remus y Severus cocinaban.
 

-Bien señores, pueden continuar trabajando con tranquilidad. Dijo la profesora, mirando detenidamente a sus alumnos para después desaparecer por el retrato de las frutas, el cual se cerró e hizo un “clic”, señal de un probable nuevo hechizo retentor.
 

Remus rió, sin duda la jefa de Gryffindor siempre aparecía en el mejor momento. Y entonces con suma precaución, conjuró los hechizos adecuados, dejando el postre listo para ser trasladado y con una perfecta presentación.
Después depositó su varita y postre lejos de la mesa y su mirada divertida hasta entonces, semejó a la de un depredador.
 

-Estúpida cosa, estoy seguro de que conozco ese ingrediente que falta pero...no lo encuentro. Odio esto. Se quejó Severus, mientras probaba otra muestra de su fallida bebida.

Aquello estaba comenzando a enfadarle.


-Maldita y estúpida bebida. ¿Qué diablos hace falta?. Maldijo botando un frasco con varias hojas dulces.

-MMM, ¿se te perdió algo?. Preguntó alguien muy cerca de su oído, lo que le hizo estremecer un poco.- No pensé que una simple bebida energizante te diera tanto trabajo Severus. Rió la voz y entonces una lengua juguetona rozó su lóbulo. El estoico chico sintió sus piernas temblar.- ¿No buscarás...esto es particular?. Cuestionaron, poniendo frente a él un frasco cristalino con hojas de naranja. El ingrediente que Severus necesitaba para concluir su tarea.
 

Severus logró mirar a su acompañante y trató de ser firme y frío. La verdad no estaba para juegos.
 

-Dámelo. Ordenó.

-Ese no es modo de pedirlo Sev. Pídemelo con cariño. Señaló Remus con risita juguetona en los labios y retrocediendo un poco.
 

Severus gruñó. No estaba para juegos, así que avanzó decidido, sin notar siquiera que era Remus con el cual peleaba ni la pose seductora-vampirezca que este adoptaba.
Y entonces Severus trató de tomar el bendito frasco pero con chasquido, el dichoso objeto desapareció, enfureciendo al Slytherin.
 

-Te lo daré cuando hayamos terminado. Señaló Remus con mirada encendida.

-No Lupin lo quiero...ahora. Y entonces se dio cuenta de algo: estaba solo, completamente solo con Remus Lupin, quien se comportaba juguetón y seductor sin inhibición alguna.

Tragó saliva, lo que venía no era exactamente una conversación con té y panecillos.
Su cuerpo tembló y un sudor frío le atravesó la medula espinal.
 

-¿Qué ocurre Sev, acaso jamás me habías visto?. Preguntó Remus con diversión, pues el serio Slytherin lo miraba con asombro.- Relájate querido, estás muy tenso. En el acto caminó y se situó a espaldas de Severus para después y de un rápido movimiento despojarlo de su túnica negra del colegio y masajear los hombros del Slytherin que suspiró involuntariamente. Tenía demasiada tensión contenida en los músculos.
 

Remus se acercó aun más al ahora relajado Slytherin y sin que este se percatara, logró despojar el jersey, camisa y corbata, para dejar los anchos y bien formados hombros de Severus Snape al descubierto, disfrutando del masaje que sus diestras manos le estaban proporcionando.

Un suspiro por parte de Severus, le indicó al Gryffindor el relajamiento total del chico y entonces, comenzó su cacería.
Sus manos hasta ahora quietas en los hombros, bajaron por ambos brazos, erizando la piel del estoico chico, haciéndolo temblar.
Después se posaron en el marcado abdomen y subieron y bajaron sin reparar en los suspiros o estremecimientos que esta simple acción provocaba.
 

-Te he extrañado Sev, mi amor. Se atrevió a murmurar Remus, al oído de un Severus que nos sabía si continuar disfrutando o parar todo aquello.


Se había dado cuenta, con el paso de los días, que su adorado chico hacía un gran sacrificio por proteger a sus personas queridas y sin duda alguna entre ellos estaba él.
No podía olvidar la desgarradora imagen de aquella espada en el pecho de Remus y el lamento sonoro que perforó su corazón. Si existía una prueba del amor incondicional que el chico pálido le tenía, había sido esa.
 

-Remus, no deberías...

-Shhh, debo y deseo. Te extraño tanto, te anhelo tanto. No puedo vivir sin ti. Musitó el pálido chico mientras continuaba con sus caricias.

-Ella. Mencionó Snape, haciendo referencia a la egipcia y al maltrato que pudiera darle si los encontraba en esa posición.

-Olvídate de ella mi amor. Esta noche solo preocúpate por lo que voy y vas a hacerme. He esperado toda la tarde por este momento. Sabía que al final solo tú y yo nos quedaríamos “cocinando”. Lamió el cuello del Slytherin y sus manos bajaron hasta el pantalón, desabrochándolo en su totalidad y dejando libre el miembro excitado de Severus.

-¿Cómo lograste tomar las hojas de naranja?. Preguntó Severus, permitiéndole a Remus ahondar en las caricias que comenzaba a disfrutar como nada en el mundo.

-Simple destreza mi amor. Respondió besando los hombros y tocando levemente la endurecida excitación de su amor.
 

Remus comenzó a bajar y a llenar de besos el desnudo cuerpo del Slytherin, propiciando suspiros y gemidos que al instante se ahogaban por otro.
Acarició las piernas del buscador de Slytherin y besó las manos que hacían milagros con las pociones.
Después comenzó a regresar sobre sus besos, pero esta vez por la parte frontal, deteniéndose un instante en recorrer la hombría de Severus y haciéndola temblar de emoción.

Pero él no quería desperdiciar los segundos en algo oral, así que continuó con su recorrido, lamiendo el abdomen que se encogía a cada beso y caricia suya, pasando por el tórax que subía y bajaba sin ritmo definido, lamiendo las endurecidas tetillas y llegando hasta el cuello que mordió sin piedad alguna, disfrutando del sabor frío y dulce del Slytherin.  

Severus aprovechó la intromisión del pálido chico en su cuello, para comenzar a despojarlo de las molestas ropas que caían una a una sin interrupción.
Acarició la cintura del Gryffindor y tocó el punto clave y éxtasis que hizo gemir un poco a Remus y dejar de lado su tarea de succionar prácticamente todo el cuello del Slytherin.
 

-Olvidé que esto estaba aquí. Dijo, acariciando nuevamente la cicatriz de Remus.

-Como olvidar que está ahí Sev, si es tú marca de poderío. Jamás podría borrarla de mi cuerpo, no podría hacerlo. Dijo respirando agitadamente y deseando que aquel éxtasis jamás terminara.
 

Severus sonrió y con un poco de brusquedad buscó los labios del chico pálido, encontrándolos sedientos y deseosos de los suyos.
Remus enredó sus manos en el cuello de Severus y este trató por todos los medios de desaparecer el pantalón que obstruía su paso hacia la suave piel que gritaba por sus caricias.  

Las lenguas jugaron un poco, disfrutando y recordando el sabor que hacia tanto no experimentaban.
Sus cuerpos querían fusionarse, convertirse en uno solo y amarse hasta que la eternidad se acabara.

Remus mordió el labio inferior del Slytherin una y otra vez, haciéndolo sangrar. No podía detenerse, no podía hacer nada más que besar y acariciar a su gran amor. Su cuerpo entero estaba excitado, inundado por la fragancia mística y poderosa que Severus desprendía por cada poro de la piel. Era simplemente la droga que lo hacía vivir y si no estaba a su lado y entraba por su cuerpo, él no sobrevivía.  

Severus gimió al sentir su labio herido, pero en ningún momento dejó de besar y acariciar el cuerpo frente a él. Por fin el odioso pantalón había caído y se deleitaba masajeando, subiendo y bajando por el cuerpo de su adorado león.
Sentía como el cuerpo de Remus se rendía a él por completo, buscando saciar un sentimiento que lo estaba volviendo loco por completo.
Respirar, amar, besar, morder a Remus Lupin era su prioridad. Su droga benigna y difícil de conseguir, por eso tenía que disfrutarlo y olvidarlo todo.  

El frenesí del estoico chico se desbordó y empujando a Remus hacia la mesa, comenzó a besarlo con desesperación. Cuello, rostro, hombros, cuerpo, todo fue invadido por la diestra lengua de Severus, quien a cada gemido de Remus, proporcionaba más placer, mucho más del que incluso él estaba acostumbrado a dar.
 

-¡Sev, Sev, no pares, Sev!. Gritaba Remus, al sentir como Severus satisfacía su sensible erección, hasta el punto de hacerlo desfallecer por la succión.
 

Severus lamía, comía, se deleitaba así mismo con el poderío. Por un momento dejó de torturar la erección de su amante y se dispuso a deleitarse con las piernas pálidas y apetecibles del Gryffindor.
Podía sentir como Remus enarcaba la espalda y se hacía daño con el filo de la mesa. Pero su éxtasis por reconocer su territorio era más que la preocupación, así que continuó su camino, devorando a su paso suspiros, quejidos y gritos.  

Remus se sostenía fuertemente de la mesa, sus nudillos blancos mostraban la fricción que empleaba para ello.
No podía resistirse a nada que su Severus le daba, era simplemente la invitación abierta a la fogosidad.  

Sintió después como Severus volvía a subir por su pecho y lamía con loco frenesí su cuello. Él, que en un principio fue el cazador, ahora era la presa. Pero no le importó, su Severus era así, siempre dispuesto a controlar, a poseer, a ser el propietario de su cuerpo. Y él no lo detuvo, así lo amaba y así lo amaría siempre.  
Severus lo recostó con suavidad en una de las cuatro mesas, tal vez arriba de aquella estaba la de Gryffindor o Ravenclaw, pero no le importó. Lo único importante era el cuerpo que asfixiaba de emoción y éxtasis bajo él.
 

-Lame. Ordenó Severus, mostrándole un par de dedos al Gryffindor, el cual, sin retraso, hizo lo que se le había indicado.


Mientras tanto, Severus se deleitaba con el cuello de Remus, mordiéndolo, dejando marcas rojas que solo él tenía el derecho de dejar. Al mismo tiempo su erección friccionaba especial y dolorosamente excitante sobre el abdomen del pálido chico. Necesitaba poseerlo cuanto antes.  

En pocos segundo la tarea fue hecha y Remus se aferró al cuerpo de Severus al sentir la gloriosa intromisión, que buscaba relajar y acostumbrar su cuerpo a lo que en unos segundos acontecería. Lo esperaba con ansia.
Severus buscó profundidad y mientras sus caricias se hacían fogosas, Remus dejó de pensar y se rindió a su amor por completo. Podrían matarlo en ese momento y él moriría feliz. No, mejor esperar a que su amado lo poseyera, para caer en el orgasmo que disociaría su mente de la realidad por unos momentos.
Después y sin aviso, siempre propio de Severus Snape, lo penetró haciendo que su espalda subiera y bajara varias veces. Había tocado la vida, al fin.
 

-Te extrañé. Susurró Severus al jadeante Remus, mientras este llenaba hombros y espalda de caricias amorosas.

-Y yo. Tómame. Indicó, fundiéndose con las negras orbes que parecieron sonreír y brillar de lujuria.
 

El vaivén comenzó, lento en un principio, rápido en intervalos, pero sin perder esa fogosidad que los dos necesitaban.
La mesa pareció en un momento caer por el peso y los bruscos movimientos sobre ella, pero pareció ver que aquel rito, en apariencia superficial, era en realidad el reencuentro del amor, de la vida y de los sentimientos de fidelidad.  

Ni Remus ni Severus pensaban, cerraron los ojos y se dejaron guiar por el placer que sus cuerpos estaban experimentando.
Jadeos, gemidos, gritos que no pararon en ver la intensidad.
 

-Te amo...te amo Sev, mi amor. Jadeaba el Gryffindor, sintiendo el orgasmo cerca, pero soportando para alcanzarlo al lado de su amor.


Severus lo miró, era hermoso en pleno éxtasis. Mirar su rostro sonrojado, el sudor recorrer su piel sabor canela, el fuerte palpitar del corazón y el jadeo de una respiración visible en su pecho. Simplemente el creador de aquella criatura había muerto en cuanto lo vio, así como moría él, pero de amor.
El Slytherin besó con ferviente necesidad los labios hinchados de Remus y este comprendió el mensaje. Demasiada emoción para Severus en un día, pero sobre todo, demasiado entendimiento y perdón.

Ambos gritaron al alcanzar el éxtasis que después de dos arremetidas más se evidenció.
Se perdieron en el cuerpo del otro por segundos interminables, sintiendo que el calor de ambos los llenaba por completo.
Severus miró al Remus jadeante bajó él y no contuvo el impulso de besarlo nuevamente y acariciarlo. ¿Cómo había sido tan tonto esos años?. Su Remus lo amaba igual o más que él y hasta ahora lo comprendía.
 

-¿Me perdonas?. Cuestionó Remus, lamiendo los labios del estoico chico, sin dejar de abrasarlo.

-¿Qué tengo que perdonarte mi vida?. Respondió el otro mirándole con entera devoción.
 

Y Remus no dijo más, su amor lo perdonaba y confiaba en él nuevamente. Aquello era maravilloso.
 

-Te amo. Dijo el Slytherin lentamente en su oído, para después reanudar los besos voraces que los dos compartieron con seguridad infinita.
 

 

-¡¿Pero qué significa esto?!. Gritó la profesora McGonagall al entrar en la cocina.

-¿Qué cosa?. Preguntó Remus sin entender.

-Este flan tiene forma de hipogrifo. Señaló la profesora con sorpresa.

-Bueno, había que darle un toque divertido al postre. Sonrió el pálido chico.

-¿Ya ha terminado señor Snape?. Preguntó, desviando la mirada al Slytherin que terminaba de llenar los recipientes con la bendita bebida energizante.

-Si. Fue su seca respuesta.

-Bien, si los dos han terminado, entonces márchense a su dormitorio, ya es tarde. Los Elfos domésticos tendrán mucho trabajo por la mañana. Señaló, mirando a ambos chicos sin creer que no estuvieran o heridos o enfrascados en alguna riña como el resto de los alumnos de las dos casas rivales.
 

Tanto Remus como Severus asintieron y siguieron de inmediato a la jefa Gryffindor.
 

-Doce y media, ¿qué tanto hacían en la cocina?. Cuestionó cuando hubieron llegado a la desviación que cada chico debía de tomar.  

-Cocinando. Respondieron ambos con sonrisa de complicidad.  

 

 

-Noche triste. Pensé que estarías en clase de Artes Oscuras con Remus.

-No. Hoy le di una noche de descanso, tenía tareas que realizar para este colegio.

-Hace algunas horas percibí una energía bastante intensa. ¿Crees que tu prometido se acostó con alguien?. Cuestionó con algo de sorna en la voz.

-Tal vez. Fue la respuesta, mientras se alejaba de la ventana.

-Te ves demasiado “tranquila” a pesar de lo que te dije. En estos momentos estuvieras buscando a el culpable o haciendo a Remus la peor de las maldades. ¿A caso no percibiste nada?. Los ojos cobalto se posaron en la chica que se sentaba sobre el escritorio de enfrente.  

-Claro que lo sentí, no soy Imbécil. Fue su respuesta amarga.

-¿Y entonces?.

-Simplemente voy a dejarlo.
 

El egipcio la miró sin creerlo.
 

-Sabes algo Key, creo que he estado trabajando de la manera incorrecta. Si continuo siendo la bruja mala, entonces él jamás podrá amarme o confiar en mi.

-No te reconozco Raiya, ¿en donde quedó la chica que lo haría todo por conseguir su objetivo?.

-Frente a ti querido, pero las cosas cambian, al igual que la estrategia. Sonrió la egipcia con malicia.

-¿Qué planeas?. Cuestionó el chico, sin dejar su posición.

-Es simple pensamiento y análisis mi querido Key. He sido demasiado paciente, pero ya no. Si quiere jugar, lo haremos, pero a mi modo.

-No comprendo.
 

La egipcia sonrió aun más, con esa malicia propia de ella.
 

-¿Cuál es el daño más grande que puedes hacerle a él?.

-¿Quitarle a sus seres queridos?. Respondió Key.

-Exacto. ¿Y como logro eso?.
 

El chico de ojos cobalto esbozó una sonrisa. Ahora comprendía lo que la egipcia tramaba.
 

-Rompiéndole el corazón en mil pedazos. Fue lo que Key respondió al final y Raiya asintió.  

-Ya veremos si podemos ganar el juego de este modo. Si la montaña no viene a ti, tú irás a la montaña y por Ra, que conseguiré la montaña, ya sea lo último que haga en la vida.
 

Sentenció la chica, mientras las llamas en la chimenea crepitaban muy en silencio, como comprendiendo que un nuevo y diferente plan se comenzaba a formar.

 

KATRINNA LE FAY

 

He dejado algo de suspenso.

Severus fue cazado, la iniciativa no es muy buena en él cuando está enfadado,

Algo que el cachorro aprovechó de inmediato.

Espero que les haya gustado, a ver que planes tiene la “bruja”  para el cachorro.

 

Les agradezco sus comentarios, que hasta ahora me han servido para continuar progresando y existiendo en este mundo mágico y maravilloso.

Recordando que los personajes pertenecen a J. K. Rowlign y socios comerciales y que si escribo esto es de Fan para Fans sin fines lucrativos.

Un saludo cordial y afectuoso a mis personas especiales, agradeciendo la luz que cada día me dan.

Nos vemos en el próximo capitulo, ha y disfruten el intermedio.  

katrinna_le_fay@yahoo.com.mx  

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