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"OBSEQUIO"
Basado en Harry Potter
By Katrinna Le Fay
El fuego de la chimenea era cálido y acogedor. Las llamas danzaban con
desenfreno total en ocasiones; con dulce vaivén en otras pero con el misticismo
de saberse las dueñas absolutas de un poder calcinante. El wisky era su
predilecto, el Brandy en ocasiones su consejero y el café, su refugio y secreta
bebida para el recuerdo. Pocos sabían su debilidad por el amargo líquido negro
que con una de azúcar e hirviente agua, degustaba a placer en las noches de
frío, de insomnio, de soledad y amargura. Bebió un poco, el humo de olor
exquisito le envolvió los sentidos.
-Irlandés sin crema, tu favorito. Susurró a las llamas mientras el madero
crepitaba en la chimenea.
Amaba las noches como esa, donde la soledad y el silencio lo acompañaban con
amabilidad, susurrando ensoñaciones que no se hicieron realidad, pero que
memoraban historias duras y felices de recordar. Un sonido a penas perceptible
lo sacó de concentración. Desvió la vista y la posó en la puerta, fascinado
entonces por la dulce visión a sus ojos. Un pequeño visitante, fantasmita y
soñador; un príncipe elfo con su gran distinción. Rubios cabellos platinados,
pijama blanca con bordados plateados, carita iluminada por la “traviesa”
sorpresa y un pequeño acompañante de felpa lo hicieron sonreír. Dejó la taza
en una mesita y le indicó al visitante que se acercara. Caminó sonriente,
tambaleándose un por el peso del enorme peluche; sentándose después en el
regazo acogedor del hombre que admiraba más que a nadie en el mundo.
-¿No puedes dormir?. Preguntó acariciando los cortos cabellos platinados.
-No. Negó moviendo la cabeza, abrazándose al cuerpo protector frente a él.
-¿Quieres que te lea una historia?. Propuso como alternativa.
-No. Volví a
negar con un dejo de tristeza.
-¿Un vaso de leche?. Ofreció al recordar que la
deliciosa sustancia blanca era su perdición.
-No. Respondió de nuevo sin dejar
su posición.
-¿Entonces?. Sonrió divertido ante la acción.
-¿Por qué mamá
y tú pelaron?. Cuestionó tan inocente y puro como solo un niño de 4 años
puede serlo.
-¿Era eso?. ¿Por eso no duermes?. Asintió ocultando el rostro
con pena. -Nada que deba preocuparte. Susurró acariciando el frío cuerpecito entre
sus brazos.
-¿Entonces porqué ella te dijo que eras un insensible hipótrita?.
Preguntó mirando sus casi “gemelos” con detenimiento.
-Porque ella no
comprende. Dijo simplemente con media sonrisa.
-Por qué?. ¿Por qué olvidaste
su cumpleaños?.
El hombre asintió mientras el niño miraba ahora las llamas con atención.
-Pero...¿Por qué papá?. Su curiosidad era mayor. Una simple respuesta no
iba a bastar.
-Hay cosas que no entenderás Draco. Por lo menos no hoy..
susurró sin exasperarse.
-¿Entones es verdad que tú...solo tienes corazón
para un amante?....papá, ¿qué es un amante?. Le miró con atención y sonrisa
en labios.
-¿Dónde escuchaste eso Draco?. Preguntó sin enfado, más bien por
curiosidad.
-Mamá lo dijo. Ella dijo: Lucius Malfoy, eres un insensible
hipótrita al regalarme estos pendientes a última hora. Tú solo tienes
corazón para los recuerdos de tu sucio amante...o algo así. Sonrió recordando
las palabras que gritara su madre.
Hubiera reído de buena gana, pero la mirada expectante del niño le indicaba
que aun esperaba una respuesta.
-Es alguien que...te quiere mucho. Sonrió. ¿Cómo le explicaba a un niño
lo que era un amante?.
-¿Cómo yo?. Sonrió el niño con brillantez.
-No así.
Rió revolviendo los cabellos del niño.- Es una persona que se entrega a ti sin
importar nada. Trató de explicar, aunque sabía que la palabra “entrega” no
la entendería.
-Ha...¿Y tú los quieres mucho?.
-En ocasiones. Respondió lo
mas simple y sinceramente posible.
Se juró así mismo hechizar la habitación la próxima vez que Narcisa y él
discutieran. No cabía duda de que su hijo lo escuchaba todo.
-Ha...¿y cuantos amantes has tenido?.
-Eso no importa.
-Los has querido?.
-Eso tampoco importa.
-Pero mamá dijo...la escuché decir en su habitación que
de no haber existido “él”, tú la amarías a ella. ¿Qué significa eso
papá?, ¿qué amas a alguien mas?.
Eso era demasiado. Su siempre cordura lo abandonaba. Narcisa lo escucharía seriamente esa vez
-Escucha Draco yo...
-¿Es bonito?, ¿te quiere?...quiero conocerlo. Sonrió
aun mas el niño.
-¿Cómo? Pregunto sin comprender.
-Se que tú me amas, que a
mamá no pero que a “él” si. Entonces ya somos dos personas que amas y me
gusta. Sonríes cuando piensas, ¿lo haces en él?. El niño lo dedujo todo con
metodología.
Rió, no pudo evitarlo. Su hijo había heredado su inteligente capacidad de deducción.
-Pero...¿quién te dijo eso?.
-Yo y...mamá. Ella dice que no debo
molestarte cuando estas aquí, porque tomas café y lo recuerdas a “él” y
eso te hace feliz.
-¿Eso te dijo?. Enarcó una ceja con enfado.
-Algo así. Se
apenó el niño bajando el rostro.
Le acarició la mejilla y después sonrió. Draco hizo lo mismo. Le gustaba ver a su serio padre sonreír.
-Creo que debo darte un premio, has adivinado bien.
El niño sonrió con orgullo.
-Tal vez algún día lo conozcas. Suspiró. ¿Para que ocultarlo más?.
-¿Quién es?.
-Una muy gentil y buena persona. Dijo simplemente
-Oh, bueno,
entonces porqué se enfado mamá?
-Porque a él le obsequiaba...caprichos al por
mayor, incluso lo que no imaginas. Suspiró recordando.
-Ha...¿cómo a mi?.
-Algo así.
-Mmm...¿puedo ir a dormir?. Preguntó con un bostezo.
-Si así lo
deseas si.
-Gracias. Ahora soy feliz. Sonrió saltando al piso con alegría.
-¿Por qué?.
-Porque papá tiene un motivo para sonreír y si “él” te hace
sonreír yo sonrío y si yo sonrío entonces somos felices.
Lucius rió por la ocurrencia.
-Buenas noches papá.
-Buenas noches Draco.
-¿Papá?. Llamó desde la
puerta.
-Si?
-Yo también lo amo. Sonrió y desapareció de su vista.
Lucius recargó su cabeza en el respaldo del sillón y suspiró. Su hijo era el único ser en esa casa que lograba sacarle de nueva cuenta una sonrisa. Lo amó aun mas por comprenderle sin entender, como solo un niño lo hace y lo olvida sin prestar atención.
-¿Lo vez?, hasta él te ama. No puedo culparlo Amor Mío. Por ti. Feliz
cumpleaños. Brindó al aire.
Curiosamente ese día había enviado regalos al por mayor a su amor, sin que
este se enterara como siempre de quien había sido, pero había olvidado por
completo a su “adorada esposa”. Que contrariedad, definitivamente solo
recordaba las cosas importantes. El destino era muy casual y aun así, a pesar
de los años seguía preocupándose por “su” bienestar y cuidado; no había
duda de que el corazón era terco y no olvidaba.
-Lo haría todo por ti.
Murmuró recordando un cumpleaños en especial, donde concedió un deseo que
le partió el alma pero le alegró en cierta forma el corazón.
Primeros de Enero y el frío aun calaba los huesos. El viento gélido
paralizaba el cuerpo y las pequeñas ventiscas varaban las actividades, todas
excepto una: Quidditch.
-¡Formación circular, ataque triple!. Gritaba una muy entusiasmada voz desde las alturas.
Tres figuras escarlata realizaron la jugada, burlando al enemigo en
círculos.
-¡Ataque 24!. Volvió a gritar la jovial voz, mientras con detenimiento
observaba sus alrededores y las maniobras de sus jugadores. Un capitán tenia
que ser motrizmente capaz de poder hacer todo, mas aun cuando se era el
encargado de buscar la Snitch. -¡James, necesitamos tiempo muerto!. Gritaron a
su derecha.
El capitán no entendió el porque, pero decidió ceder a la propuesta de su
guardián. 13 escobas descendieron y al instante el capitán pidió una
razonable excusa por aquel innecesario tiempo muerto.
-Pero que rayos te pasa Sirius?, estábamos.. -Es Remus, James. Creo que...deberíamos parar, por lo menos hoy. Creo que aun no se siente bien. Murmuro cuando la ultima escoba aterrizaba con movimientos torpes.
James miró a su pálido amigo y asintió. El Quidditch le fascinaba y a
veces se tomaba el papel de capitán muy a pecho. Pronto tendrían un partido y
era común su entrenamiento. Tenia 7 jugadores a la banca y 6 en actividad,
todos eran entrenado con rigurosidad. Tan absorto en su papel que no paró a
observar al mas “fiero” de sus cazadores, el cual tenia la mirada perdida y
tristeza en el rostro.
-Bien, se terminó por hoy. Mañana a la misma hora. Anunció James a sus
jugadores, los cuales asintieron y de inmediato se pusieron en marcha hacia el
castillo. El viento los había congelado.
-Moony, te encuentras bien?. Preguntó
James acercándose a Remus.
-Si...ya nos vamos?. Cuestiono al subir la mirada y
ver que sus compañeros de equipo se alejaban.
-Es lo mejor, ya hemos entrenado
lo suficiente por hoy. -Pero James, ni siquiera...
-Vamos, hazle caso a “Don entrenamiento forzado” y vallamos a tomar un baño caliente. Este frío esta congelándome. Sonrió Sirius abrazándose a su pálido amigo.
-Si, por hoy es todo. Descansemos. Sonrió James tomando la escoba de Remus y poniéndose en marcha hacia el castillo. Usar las regaderas de los vestidores sería un resfriado seguro.
-Quiero quedarme un poco mas. Dijo Remus frenándose de improvisto.
-Pero Moony, el castillo es mas acogedor.
-James tiene razón. No es muy sano quedarse aquí afuera después de sudar. Mejor entremos, tomamos un baño y...
-¡QUIERO ESTAR SOLO!. Gritó un poco molesto, dando media vuelta sin más explicación.
-Pero Remus...
-Déjalo Sirius, la soledad es buena consejera en ocasiones. Debemos darle tiempo para que supere todo esto. Suspiró el chico de gafas deteniendo al impulsivo Black.
-Pero James, nosotros debemos ayudarle.
-Tal vez nosotros no seamos los indicados. Solo podemos apoyarlo y estar a su
disposición para lo que nos necesite. Este duelo es suyo y de la persona con la
que lo quiera compartir. Respondió con triste firmeza, logrando sacar a Sirius
fuera del campo de Quidditch. Remus necesitaba estar solo.
Caminó y sin pensarlo se metió a los vestidores de los Gryffindors. Se sentó en una banca solitaria, subió las piernas, las abrazó y ocultó el rostro. Quería y necesitaba estar solo. Agradecía las preocupaciones de sus amigos, pero había cosas que solo la soledad podía curar.
-Mamá. Susurró con un hilo de voz, sin evitar que una lagrima se escapara
de sus ojos. 3 semanas y aun no lo creía. Todo era como un sueño, un duro y
largo sueño del cual quería despertar, pero no podía. Una parte de él
comprendía que por mas que lo quisiera jamás lograría que regresara y eso
dolía demasiado. -Me lo prometiste. Murmuró sollozante.-Mentiste...me dejaste
solo. Se abrazó aun mas a sus piernas. Quería y necesitaba sentir el calor de
aquellas blancas y cariñosas manos de nuevo, solo una vez mas. Percibió
tibieza, calor reconfortante. Levantó la vista para encontrarse con un cuerpo
cubriéndole protectoramente, mientras unas hebras platinadas caían sobre su
pecho. Medio sonrió al saberse encontrado por el rubio.
-Gracias Lucius. Susurró haciendo que el Slytherin levantara la vista y se encontrara con las orbes mas tristes y opacas que jamás viera.
-Te estuve vigilando. Dijo mientras acariciaba la mejilla del muchacho.
-Entonces te habrás burlado de mi “entrenamiento”. Solo volé en círculos y un par de Bludger me rozaron la cabeza. Aun no entiendo como no me derribaron; seremos un oponente sencillo conmigo en el aire. Sonrió sin dejar su tristeza.
-Tonto. Si eres un excelente cazador, solo tienen un mal día. Yo hasta te dejaba ganar. Guiñó un ojo haciendo reír un poco al Gryffindor.
-Gracias por estar aquí
Lucius. Susurró abrazando al rubio, el cual continuó con la caricia.
Desgraciadamente el dinero no lo compraba todo y en ese momento quiso que así lo fuera. Pagaría lo que fuese necesario por una sonrisa de su adorado cachorro; por una luminosa mirada de sus dorados ojos o de un beso excitante y despreocupado. Pero no era así y lo único que podía hacer era abrazarle y acariciarle con todo el amor que su corazón le dictaba. Agradecía porque Remus lo aceptaba, pero aun así su impotencia por curarle lo volvía loco. Tenía que hacer algo, tenía que “revivir a su cachorro”.
***
-Remus, despierta...Remus, ya es tarde.
Un gruñido y una frase que sonaba a “déjame” se escuchó del chico
pálido tendido en su cama.
-Moony, debes levantarte. McGonagall quiere una junta con los del equipo de Quidditch. Vamos. Siguió insistiendo el chico de gafas.
-Dile que estoy enfermo...inventa una excusa...eres el capitán. Se quejó, haciéndose un ovillo en la cama.
-Remus. Murmuró y decidió dejarlo en donde estaba. Lo
cubrió con las mantas y salió de la habitación.
En el pasillo que conducía a la torre Gryffindor lo esperaban dos figuras,
las cuales corrieron hacia el capitán al ver que regresaba solo.
-¿Y?. Preguntó Sirius impaciente.
-Nada. Respondió y movió la cabeza con desánimo. -Esto no puede continuar así: no come, no hace sus tareas, no habla, está distraído y no sale de la cama cuando hay tiempo libre. Esto es mucho peor de lo que me imaginé. Suspiró Sirius golpeando la pared.
-No podemos hacer nada. Él no lo permite y...me siento igual de impotente que ustedes pero...
-Se va a morir de tristeza. Murmuró Petter con la vista baja.
-¡ESO NUCA, LO OYES, NUCA LO PERMITIRÉ!. Gritó Sirius haciendo eco en el pasillo.
Ni James ni Petter dijeron nada. Sirius cerró los ojos y respiró hondo, no
podía ver a su Remus en ese demacrado estado.
-Podría incluso regalarle Rusia si con eso vuelve a sonreír. Susurró Sirius después de un momento.
-Todos lo haríamos. Gryffindor, Hufflepuf y Ravenclaw por igual lo estimamos y es muy doloroso mirarle así. Te aseguro que ellos al igual que nosotros harían lo necesario para regresarle su ánimo. Corroboró James mirando por la ventana.
-Incluso...una fiesta...¡Eso es!, una fiesta. Dijo Petter en voz alta.
Los dos bromistas le miraron confundidos.
-¿Pronto será su cumpleaños no?.
¿Porqué no le regalamos una fiesta sorpresa?. Estoy seguro de que con eso se
animará un poco. Todos podemos contribuir con algo. Sonrió ante la gran idea.
Sirius y James miraron a Petter por un momento, después entre si y por último sonrieron, aquello era una muy buena idea.
-Me agrada. Solo debemos pensar en donde y lo demás será sencillo.
-James tiene razón, yo mismo me encargo de todo si es preciso. Debo admitir que esta vez has tenido una muy buena idea Petter. El chico bajito sonrió y se sonrojó un poco.
-Bien, está decidido. Pasado mañana Remus tendrá una fiesta de cumpleaños que no olvidará. Sonrió James y junto a los otros dos “merodeadores” se dirigieron a ver a McGonagall, la cual seguramente les facilitaría las locaciones.
Sin pensarlo se dejó ver: altivo, elegante, distinguido. Había escuchado la
conversación de los Gryffidor sin remordimiento alguno y por casualidad. Sin
duda y para variar, la idea de los tres alcornoques era buena, pero sabía que
Remus no respondería como ellos esperaban. Conocía muy bien a Remus y de ser
así, solo una cosa en ese mundo lo ayudaría. Con elegantes movimientos dio
media vuelta y se dirigió a su sala común. Al igual que el trío bobo, era
momento de poner manos a la obra...ya no soportaba ver a su cachorro deprimido y
si tenía que matar en el proceso de “curación”, lo haría. Todo por él.
***
Sentía esa inquisidora y exasperante mirada sobre él. Trataba de
concentrarse en su tarea, pero aquella presencia lo sacaba de quicio. Gruño por
tercera o cuarta vez como advertencia, pero al no recibir nada por respuesta,
decidió separar la mirada de su caldero y dirigirla hacia su fisgón
compañero.
-Hola, hasta que atiendes. Saludó el rubio sin sonreír.
-Si quieres otra poción de “amor” no tengo tiempo para hacerla Lucius. Estoy ocupado. Bufó regresando a sus actividades.
-No...y la verdad, aunque quisiera no te la
pediría. No estas concentrado Severus.
Severus levantó la mirada y enarcó una ceja en señal de molestia.
-Pero es la verdad. En clases no has podido hacer una simple poción “levanta
muertos” y ahora luchas con “la despetrificadora”. Rió el rubio con
diversión.
Severus gruño y cansado de intentar la “despetrificadora” por quinta
vez, cosa que le tomaba regularmente dos minutos y no dos horas, recogió sus
cosas y se acercó al lavar el material. Definitivamente ese no era su día.
-Veo que acerté. ¿Te sucede algo Severus?. Preguntó Lucius siguiendo al chico.
-¿Desde cuando te preocupas por mi?, ¿no será que quieres que te haga alguna poción?. Cuestionó sin apartar la vista del agua.
-No seas tan serio conmigo. Somos Slytherin y los Slytherin se ayudan entre si. Solo te ofrecía...ayuda.
-Si, claro. Dijo con sorna el serio chico.
-Es verdad...mira, una cosa es que no me atraigas, pero otra muy distinta es que no quiera ayudarte. Después de todo tú me has ayudado mucho. Sonrió con “inocencia”.
-Claro. Preparó tus pociones prohibidas, las vendes en altos precios y yo recibo menos de lo que debería...eso sin contar tus excusas en clase y tus exámenes “supervisados” por mi. Fuera de eso...creo que si puedes ayudar. Cerró el grifo del agua y se dirigió a limpiar la mesa que había usado.
-Vamos Severus, solo trato de ser “amistoso” contigo. Te juro que no quiero pociones ni nada de eso...solo tal vez un libro y...charlar. -Lo sabía...¿Qué libro quieres?.
-Ese que sacaste de la biblioteca el otro día...”PP” o algo así. Sonrió mientras ajustaba su túnica.
-¿PP?, ¿Y para que lo quieres?. ¿No me digas que comenzarás ha hacer tus propias pociones Lucius?. Sonrió sin creer lo que decía.
-No...yo solo quiero...leerlo. -¿Aja?. ¿Y qué mas?. ¿De paso envenenar a toda la escuela?. Preguntó volviendo al grifo del agua.
-Pues...no suena mal. Tampoco suena mal divertirme un poco en la fiesta que los Gryffindor harán. Dijo por “casualidad”.
-Fiesta en la cual pretendes entrar triunfalmente y salir con dos o tres amantes, ¿no es así?.
-No estaría nada mal pero...yo planeaba hacerla un caos. Aun mas, sabiendo que Black y Potter la organizan.
-Vaya noticia. Bufó el frío chico. -Si...creo que es una fiesta de cumpleaños...será algo grande. Lupin se llevará una sorpresita... seguramente besará a Black hasta el cansancio. Se mordió la lengua de solo pensar en ello, pero con el deleite observó que su estoico compañero apretaba los puños con gran odio.
-Me gustaría estar ahí de todos modos y echarla a perder, por eso necesito el libro. Sonrió moviendo la cabeza para mirar a Severus
-Tómalo...está en al silla. Siseó el chico sin mirarle siquiera.
-Gracias y...¿Por qué no me acompañas?, será divertido. Además
podemos ser “buenos samaritanos” y darle el “pésame” a Lupin.
Severus le miró con fino odio. El rubio había dado en el blanco.
-¿No te enteraste?. Perdió a su madre y el tonto ha estado haciéndose el “mártir” con todos. Hay, será una pena que su dichosa fiestesita se eche a perder...verlo sufrir, destrozarse y...
-¡CÁLLATE, SUFICIENTE!. Gritó Severus azotando un recipiente en el piso. -¿Qué dije?. Preguntó “extrañado” el rubio.
-Eres un...insensible. Dijo sin ocultar sus sentimientos.
-¿Insensible yo?. Pero sino es mas que una...
-¡NO TIENES DERECHO A BURLARTE ASÍ DE LA PÉRDIDA DE ALGUIEN. MENOS DE ÉL!. Gritó enfrentándose al rubio.
-¿Por qué no?. Preguntó cruzándose de brazos y sin dejar de sonreír.
-Porque...haz lo que quieras. Y recogiendo sus cosas salió del aula, dejando en ella a un rubio bastante “ambivalente”.
Por un lado su plan funcionaba. Ahora estaba seguro de que Severus iría a la fiesta para evitar esa “burla”, pero por otro...comprobó lo que ya sabía y eso...le dolió. Suspiró y se dejó caer en la silla donde estaba el dichoso libro.
-Perdóname cachorro por lo que dije pero...es necesario para que vuelvas a
sonreír. Musitó bajito, mientras buscaba la hoja indicada.
-Maldito Malfoy, ¿cómo se atreve a decir eso?. Nunca se lo perdonaré. Maldijo el estoico chico. Las palabras dichas por Lucius lo habían encolerizado. Remus se encontraba muy deprimido. Su madre era su ser mas amado, él mismo se lo había dicho alguna vez y ahora ya no la tenía. Le dolía verle triste, ausente, sin mirarle...por eso sus distracciones, su falta de concentración, por eso su maldita preocupación y por eso su enfado con Malfoy. Por que lo amaba pese a lo que le había “hecho” y porque quería aliviar su dolor y se sentía impotente.
-No permitiré que le hagas algo Lucius. Yo lo impediré. Se dijo al tiempo
en que entraba en su habitación y lanzaba sus cosas a la cama. Sino podía
curar las heridas de su Remus, entonces impediría que Lucius arruinara su
fiesta. Solo por esa vez ayudaría a Black, solo por verle sonreír de nuevo.
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-¿Estas seguro de que James pidió verme para un entrenamiento especial?.
-Si, él mismo me lo dijo. Necesitas aumentar tus habilidades.
-O reivindicar mis tonterías. Murmuró mientras le seguía el paso a su bajito amigo.
-Vamos,
solo un poco más. Insistía este, caminando rápido.
Le había costado un buen rato sacar a Remus de la habitación. Intentó de todo, hasta que por fin el chico pálido accedió ha acompañarle.
-¿Falta
mucho Petter?, en realidad estoy cansado y...
-No, ya casi llegamos...si, creo que ahí está. Indicó, señalando la mitad del enorme campo de Quidditch.
Remus caminó como Petter se lo indicó y cuando este iba a reclamar por la ausencia de James, una ova de aplausos, confeti y luces lo sorprendieron.
-¡FELIZ CUMPLEAOS REMUS!. Escuchó el griterío y él no pudo mas que
sorprenderse y sentir muchos brazos sobre él.
-Pero...¿pero que es esto?.
-Una fiesta de cumpleaños tonto. ¿Qué mas va a ser?.
-Yo...no se que decir. Pronunció al ver tantas personas a su alrededor. En realidad él mismo había olvidado que era su cumpleaños y ahora se encontraba con esa sorpresa.
-Nada,
solo diviértete, es todo. Dijo Sirius abrazándolo y llevándoselo hacia la
mesa de la comida. Habían transformado el campo de Quidditch en un salón de
fiestas: mesas de comida y bebidas, luces de colores, música estridente...todo
un evento especial en el cual la profesora McGonagall tuvo que ver
también...ella deseaba que Remus se recuperara pronto.
-Mira, trajimos: cerveza de mantequilla, dulces, chocolates, tus galletas favoritas, comida para un ejercito y...a todas las casas de Howarts. Eres popular Moony. Rió James ante la aun sorpresa del chico pálido.
-No...debieron molestarse. Esto es...
-Para ti. Sonrió Petter dándole una pequeña cajita al chico. -Mi regalo.
-Petter yo...gracias. Sonrió abriendo el paquete, el cual contenía un dije en forma de luna en cuarto menguante.
- Es muy bonito. -Que bueno que te gustó. Es oro blanco. De buena suerte. Dijo mientras Remus lo abrazaba efusivamente.
-He...Sirius y yo dejamos tus obsequios en la habitación pero...
-Es suficiente con todo esto, se los agradezco en el alma.
-No hay de
que. Pronunciaron los tres al mirar que tal vez aquello si funcionaría.
-Vaya, vaya. La hora ha llegado...no está tan mal. -Yo lo veo...interesante.
-Y yo...atractivo. Rió el rubio al contemplar la dichosa fiesta. Los Slytherin
habían llegado y para disgusto de unos cuantos y satisfacción de otros, las
serpientes se colaron entre la reunión con agilidad. -Bien, ¿no está tan mal
después de todo verdad?. Preguntó Lucius a su compañero,
Severus gruño como respuesta. Su vista se dedicaba a buscar al objeto de sus
preocupaciones, el cual encontró charlando con un par de chicas Gryffindor.
-¿Lo ves?. Solo era charlatanería de su parte. Solo eso. Rió Lucius
señalando al chico pálido. Severus volvió a fulminarle con la mirada y el
rubio tuvo que pensar en algo rápido antes de ser asesinado. -Yo me voy a
divertir por ahí...despreocúpate, no hice nada malo...regresé el libro a la
biblioteca, ¿contento?. Cuestionó ante la mirada incrédula del estoico chico.
Severus miró a Lucius marcharse; él se quedó en una esquina, contemplando
el lugar. Había que admitir que los bobos se habían esforzado, pero tal
parecía que Remus no disfrutaba. Su mirada continuaba sin brillo alguno. Una
simple fiesta no arreglaría las cosas. Bufó ante la ingenuidad de los
presentes, si querían conseguir algo con aquella fiesta, lo lograrían, solo
que el resultado sería: 3-0 favor: depresión de Remus. Se veía que nadie lo
conocía como él. Quiso correr y abrazarlo, consolarlo como nadie lo había
hecho. Susurrarle alivio y repetirle que...enarcó una ceja con enfado, Lucius
Malfoy se acercaba con descaro a Remus...algo planeaba el rubio.
-Hola cachorro...bonita fiesta no?. Saludó el rubio con sonrisa flamante.
-Hola Lucius...si, bonita. Medio sonrió bajando la mirada.
-Se ve que tus amigos se han esforzado....¿estás bien?. Preguntó al ver que Remus no levantaba la mirada.
-Si...solo estoy cansado Lucius...hay mucho ruido aquí y aun mas cansado es el atender a todos los “invitados” y felicitaciones. Tiene que comprender. Trató de bromear el chico, a lo que Lucius sonrió sinceramente. Se notaba que estaba haciendo un esfuerzo muy grande por parecer feliz, pero no lo lograba.
-Por cierto...Feliz Cumpleaños. Te he enviado tú regalo a tú habitación, espero que te guste.
-No te molestes Lucius. Desde que nos “conocemos” me obsequias cosas muy bonitas, de valor y que yo casualmente alguna vez mencioné que quería. No deberías gastar tu dinero en mi.
-Lo gasto porque eres importante...además me gusta complacerte y no debatas
porque me enojo.
Remus rió. Lucius Malfoy era cabeza dura, aun así le agradecía sus buenas intenciones.
-¿Qué haces tan solo Severus?. Preguntó una dulce voz a su izquierda. El
chico no respondió, continuaba con la mirada fija sobre Lucius y Remus
-Severus...te sientes bien?. Volvió a preguntar la voz con angustia -Si. Respondió. ¿Por qué lo molestaban?.
-Bien...yo...quieres...en clases
estuviste muy distraído Severus, si en algo te puedo ayudar, solo dilo. Sonrió
con aparente seducción.
Severus volteó un momento, miró los azules ojos de la trigueña y latosa
Rubí Leen y después bufó. La apreciaba, pero odiaba que lo acorralara, ¿qué
a caso no entendía que no podía fijarse en ella?. Por lo menos no hasta
sacarse a Remus del corazón, lo que significaba...nunca.
-¿Quieres beber algo?. Ofreció la chica con gentileza.
-No. Respondió. Comenzaba a exasperarse.
-Entonces, tal vez tu y yo...
-No quiero ser grosero Rubí, pero necesito estar solo. Creo que Jon te está buscando. Enfrentó el chico y al instante se retiró ha otra esquina, dejando a una chica abatida, pero jamás rendida. Algún día Severus Snape caería para ella.
-¿De qué te ríes?. No creo que el hablar de galletas sea asunto de risa. Preguntó Lucius sin entender el repentino brote de risa del chico.
-De...solo vi algo gracioso, es todo. Discúlpame. Sonrió apagando la risa.
Lucius volteó y solo encontró frente a ellos a Rubí Leen bastante enfadada
y al momento intuyó el porque su cachorro reía.
-Sabes algo, ya que estás mas animado...que te parece si nos escabullimos
por ahí y...
-No Lucius, hoy no. Te lo agradezco pero...no estoy de humos. Suspiró volviendo a entristecerse.
-Bien, entonces brindemos. Hazme ese favor y te prometo no molestarte mas. Pidió mientras le daba al chico pálido un vaso con lo que parecía refresco rosa.
-Bueno...está bien, brindemos.
-A tú salud...porque tú tristeza se vaya pronto y este sea tú mejor cumpleaños. Brindó Lucius con emoción.
-Por...lo que sea. Imitó el chico pálido y al instante bebió el contenido del vaso en su totalidad- Bien, ahora solo un pequeño favor cachorro. Necesito decirte algo y..........
Severus Snape miraba como Lucius Malfoy le susurraba algo a Remus, el cual
asentía y segundos después desaparecía de su vista. Si Lucius le había hecho
o dicho algo, él mismo lo mataría.
-¿Por qué tan solo Severus?. Cuestionó Lucius acercándose al serio chico.
-¿Qué hiciste?.
-Nada, solo brinde a su salud...nada más, te lo juro. Rió ante la incredulidad del chico.
-No se porque no puedo creerte.
-Vamos, además él no “debe” importarte. Hazme un favor y te dejaré en paz toda la noche.
-¿Qué?.
-Brinda conmigo. Sonrió Lucius.
Severus miró con desconfianza y enfado, pero accedió. Después se dedicaría a buscara Remus, aun había cucarachas de quien defenderlo.
-Por ti Severus, porque tu estoico carácter se disipe esta noche.
-Como sea. Murmuró Severus, bebiendo de su vaso con líquido rosa.
-Ahora necesito que me hagas un favor..........
La torre de astronomía era el mejor auditorio estelar del mundo. Podía mirar las estrellas, su luna enemiga y respirar tranquilidad a su antojo. Se sentó en una de las bancas bacías y cerró los ojos. El silencio, la paz. El bullicio de la fiesta quedaba a tras y su soledad tan preciada le trajo recuerdos que le hicieron estremecer.
“Nunca estarás solo, porque los ángeles te susurraran canciones de
alegría y aliento. Porque el viento acariciará tus cabellos en noches oscuras.
Porque el fuego te dará la calidez de un abrazo. Y porque yo estaré contigo
siempre que susurres mi nombre, Que acaricies el viento, al fuego y beses a los
ángeles... Nunca te dejaré, no lo olvides...”.
Recordó la nana que su dulce madre le cantaba por las noches, en tormentas y
después de esas horribles transformaciones. Ella era la única en su familia
que jamás le dio la espalda a pesar del “animal que era”. Ella representaba
el ánimo de cada día y la luz de su esperanza. Pero la luz se había extinto y
ahora se sentía completamente abandonado, solo y sin ganas de vivir. Una
lágrima asomó y de inmediato la limpió. No quería llorar solo y no podía
hacerlo en el hombro de sus amigos...ellos no le entenderían, su tristeza era
por algo más. El chirrido de la puerta lo hizo respirar hondo y sonreír si
quererlo. Después de todo si estaba ahí era por un favor especial, así que
sonreiría...”él” se esforzaba mucho por ayudarle y lo mínimo que le
debía era una sonrisa.
-Llegas tarde. Cinco minutos. Anunció al darse la vuelta y encarar la negrura que debió ser gris. -La puntualidad no es mi fuerte. Murmuró también sorprendido.
El viento movió sus cabellos, pero las miradas continuaban en su lugar, una
mirando a la otra, sin siquiera parpadear, temiendo que por este simple hecho se
fueran a desvanecer.
El corazón latía deprisa y el nerviosismo tomó forma. Era tan extraño la
situación. ¿Qué decían, qué excusaban...qué esperanza albergaban?.
-No...pensé en encontrarte aquí. Rompió el silencio tenso, provocando que la fija conexión se rompiera. -Lo siento...yo...no sabía que vendrías.
Justificaciones y delicadas palabras, ¿por qué todo era tan extraño?. Más
silencio, esta vez sin conexión alguna.
-Creo que querrás soledad, así que...me voy.
Caminó sin mirarle y por extraño impulso, al pasar a su lado le detuvo. No podía dejar que se marchara. Remus le miró extrañado...¿por qué le detenía?.
-Siento mucho lo...que te sucedió. Murmuró Severus sin mirarle ni soltarle.
-Gracias.
-Yo...
-Creo...
=Me voy =. Dijeron los dos al unísono, provocando sonrisas en ambos rostros.
-Severus yo..
-Remus siento...
Se miraron y sin evitarlo más se abrazaron. Sintieron la calidez del otro,
el sentimiento perenne del amor mutuo.
-Siento mucho lo que te sucede. Perdóname por no estar a tú lado. Susurró Severus mientras acariciaba los cabellos castaños.
-Ahora lo estás, eso es lo importante. Musitó sin evitar un sollozo.
-Tú soledad tienen que ser
compartida. Permíteme a mi estar a tú lado. Le miró con imploración y en
señal afirmativa recibió un nuevo abrazo y llanto.
Con ternura le acarició, con amor besó sus cabellos y con infinita paciencia aguardó a que su llanto parara. Liberó su opresión, se sintió libre, conforme. En brazos amados estaba y se sentía seguro...sin soledad.
Minutos pasaron y después de sollozos y respiraciones tranquilas, se
atrevió a levantar su rostro y contemplar con alegría que aquellas doradas
orbes brillaban de nueva cuenta...sonrió ante esto.
-Tenía miedo Sev. Miedo ha estar solo. Mamá se fue y al no tener a nadie yo...
-Me tienes a mi tonto. Yo te amo. Sonrió acariciando su mejilla.
-Y yo a ti...pero te sentía tan distante que temí que si me recuperaba ya no soportaría la soledad y...por eso preferí hundirme en mi mundo. Murmuró cerrando los ojos y sintiendo la dulce caricia en su piel.
-Siempre velaré por ti. No estás solo Remus. A pesar de todo estoy contigo.
Remus abrió los ojos y sonrió ante las palabras. Severus se acercó un poco mas y le besó en los labios con ternura, amor y devoción. En su vida solo existía Remus y si él se iba, entonces su mundo se terminaba, ahora comprendía que Remus pensaba igual. Se amaban simplemente y el miedo a la soledad los confundía. Recordaron sabores y pasiones. Con cariño juntaron sus cuerpos y así permanecieron. Ya no mas tristeza, no mas enfados. La sonrisa había regresado y ahora Remus sabía que su madre tenía razón: “No estaba solo”.
Con lentitud cerró la puerta y se recargó en ella. Suspiró con dolor. Lo había visto todo y una parte de él se alegraba pero la otra... “Poción de deseos e impulsos”, se llamaba la sustancia rosa que les dio a beber a los dos. Con escrupulosidad ideó el plan perfecto para Remus. Sabía la cura para él y esa tenía un nombre: Severus Snape. Pero ninguno de los dos se hablaba y la única forma de enfrentarlos era que sus deseos mas profundos y escondidos salieran a la luz. Así había sido y ahora...logró su cometido: regresarle la sonrisa a su cachorro.
-¿Pero a qué precio?. Se cuestionó mientras comenzaba su recorrido hacia el castillo. -Disfrútenlo, porque mañana lo olvidarán. Lo siento Remus, pero yo también te amo y...Feliz Cumpleaños cachorro. Sonrió y salió de la torre de astronomía.
Alguien dijo que en la guerra y en el amor todo se valía. Lucius había hecho una buena acción pero...”Poción desmemorizante de momentos”, era un contraataque perfecto y único, mezclado eficazmente en la poción rosa. Remus recuperaría su sonrisa con un sentimiento de paz indefinido. Severus regresaría a su lucha en contra de su amor y su “odio” hacia Remus, pero con la sensación de haber hecho algo correcto. Y Lucius...volvería al campo de batalla dispuesto a ganar en corazón de Remus. Solo él sabría la verdad.
¿Quién decía que un obsequio de cumpleaños tenía que ser tan bueno?...
KATRINNA LE FAY
Ok, yo de nuevo y esta vez con un obsequio de Cumpleaños. Espero que lo hayan disfrutado. Me sigue pareciendo fantástico este trío de “Amor” ¿O será dúo?.
Escríbeme a alguna de mis tres direcciones, deseo saber tus comentarios acerca de esta mini-saga.
Gracias por seguir leyendo.....?