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"Shower"
Basado en Harry
Potter
By Katrinna le Fay
James Potter caía en picada, casi desde 15 metros de altura y todo porque en la esquina superior del poste de Slytherin, había visto el destello de la pequeña y voladora pelota llamada snitch
Severus Snape caía a la par que el chico de gafas. Él era un gran
buscador y no permitiría que un Griffindor le ganara.
=Potter y Snape están casi hombro con hombro, el viento incluso
mueve con brutalidad las escobas de ambos jugadores y es muy probable que
ninguno logre mantener el equilibro en las escobas =. Decía el chico que
hacía de comentarista en la tribuna de profesores.
Todo el campo estaba expectante en ver los resultados.
Desde hacia más de dos horas que Griffindor y Slytherin se encontraban en el aire, en aquel juego que era un clásico y verdadero deleite para los amantes del Quidditch. Los catorce jugadores eran auténticos ases en el cielo y nadie podía dejar de notar la rivalidad y el espíritu de lucha y victoria que en todos los ojos se reflejaba.
Pero tal vez los momentos de suspenso y gloria eran cuando el par
de buscadores se encontraban y acaparaban la vista de todos los espectadores
que aguardaban deteniendo la respiración cada vez que alguno o los dos se
lanzaba en busca de la famosa pelota dorada.
=Potter extiende su mano, pero tal parece que Snape no cederá en
darle la victoria tan fácilmente. Ambos parecen mirarse con odio y al mismo
tiempo no pierden de vista la snich. Snape toma la delantera y en una rápida
maniobra deja atrás la escoba de Potter y hace una curva, subiendo un
poco...la snich está frente a él...si, ya casi pero...esperen, Potter logra
recuperarse y en un arrebato de locura tira de la túnica de Snape...¿eso no
es falta?...Snape le golpea en el brazo pero Potter logra mantenerse sobre la
escoba y...CIELOS, ambos caen de las escobas y ruedan por el piso...¿en donde
quedó la snich? =. Cuestionó el comentarista mientras las tribunas e incluso
profesores se ponían de pie para ver si alguien había atrapado la dorada
pelota.
Por un momento ninguno de los buscadores se movió y el silencio
del campo no ayudaba en mucho, cosa que se disipó cinco segundo después,
cuando James Potter estiró la mano, mostrando a las tribunas jubilosas la
dorada y halada pelota en su puño izquierdo.
Griffindor había ganado, 180 a 50.
Severus tardó en incorporarse, pero la ola de odio pudo notarse de
inmediato y sin esperar a sus compañeros, se levantó del piso, tomó su
escoba y se perdió de vista. Potter tendría que pagar aquella humillación.
Trece escobas descendieron, los jugadores con túnicas verdes
podían abuchear y murmurar maldiciones hacia los Griffindor, que abrazaban y
alababan a James Potter por su magnífica jugada y espectáculo.
-Bien hecho James, le acabamos de ganar a esas serpientes. Con
suerte y la final es nuestra. Casi gritó Sirius, mientras palmeaba el brazo
de su amigo.
-Tú también jugaste bien Sirius. Lograste parar la mayoría de
las anotaciones. No hay mejor guardián que tu. Sonrió James.
-Pero olvidas a Remus, su habilidad como cazador es grandiosa. Él
metió casi todos los puntos. Guiñó Sirius y Remus se atrevió a sonreír y
a sonrojarse un poco.
Y así, entre vitorees y gritos de enfado, el campo se fue
vaciando. Había sido un gran juego y en realidad nadie se esperaba los
resultados. Cualquiera pudo haber ganado.
Remus tomó su escoba por el hombro y miró en dirección al
estrado de profesores que casi estaba vacío, de no ser por un par de chicos
con túnicas azules que le dirigieron una mirada fría y de advertencia.
El chico pálido inclinó la cabeza y continuó con su camino.
Raiya no sería capas de seguirle a los vestidores y Key no podría entrar a
vigilarle. El equipo entero lo echaría.
Al menos podría respirar en paz y en soledad por algunos minutos.
-¿Cómo se encuentra tú hombro?. Preguntó uno de los cazadores
del equipo.
-Bien, gracias. Ya casi no me duele. Sonrió, algo que James y
Sirius agradecieron.
-¿Qué te sucedió?. Cuestionó uno de los golpeadores.
-Un...pequeño altercado. Dijo sin borrar su sonrisa despreocupada.
-Ha...sabes, tú novia es bonita pero es muy fría. Susurró el
segundo golpeador.
Remus solo asintió mientras se quitaba la túnica escarlata y la
doblaba. Todo el colegio sabía que la egipcia era su novia, pero nadie más
que sus amigos sabía, la torturante vida que llevaba.
-¿Estás bien?. Preguntó James a su lado.
-Si. Cansado. Creo que hoy me dormiré temprano.
-¿Y a la bruja no le importará?
Remus rió ante el apelativo que Sirius empleaba con Raiya. Si la
chica lo escuchaba seguramente convertiría a su amigo en algo muy
desagradable.
-No, ella tiene cosas que hacer. Respondió el chico pálido,
poniendo los guantes en su loquer.
-¿Entonces no vendrás a la fiesta?. Preguntó Peter quien ayudaba
al equipo en cosas triviales.
-No lo creo.
-Lástima y yo que tenía pensado escabullirme a Hosmeade y traer
unas cuantas chucherias. Suspiró con frustración.
-Bien, pero yo aun asistiré y quiero golosinas. Ahora tendrás que
cumplirlo. Dijo Sirius.
-No son para ti Black. Se enfadó un poco el chico bajito.
-Peter, no me hables así porque me ofendes. Ahora has roto mi
corazón. Gimió Sirius de forma teatral.
El equipo entero rió sonoramente ante la broma y Peter solo alzó
los hombros en forma resignada. Sin duda siempre sería la risa de todos.
Remus rió, hacia mucho tiempo que no lo hacía y se sintió muy bien.
Ahora comprendía lo cambiado que estaba y lo mucho que sus amigos se
esforzaban por hacerlo sentir bien.
Agradeció en silencio, amigos como ellos no se encontraban todos los días y
estuvo orgulloso de tenerlos a su lado.
Después el equipo tomo una ducha relajante y casi de inmediato se colocaron
nuevamente la túnica negra del colegio. La fiesta de victoria sería
estupenda.
-Bien, a celebrar la victoria sobre las serpientes y sobre todo, de
la cara de fiasco de Snape. Gritó Sirius y el equipo lo asegundó.
Remus solo bajó el rostro, había evitado ver la derrota en la faz
del Slytherin...si hubieran sido otros tiempos, en ese momento se hubiera
escabullido, dirigido a las mazmorras para introducirse sin ser visto a la
habitación de su Severus y consolarle por su derrota.
Suspiró, esos pensamientos eran vanos pero sobre todo excitantes.
¿Hacia cuanto tiempo que no estaba con alguien?.
-Moony, ¿aun no te duchas?, ¿en que piensas?. Te vamos a dejar.
Retó James mientras Sirius asentía con broma.
-Yo...adelántense, los alcanzaré después. Se excusó el chico,
mirando que los minutos habían pasado y él continuaba con las ropas del
juego.
-Mmm, te esperamos.
-No Sirius, en verdad, adelántense. Tal vez y hasta me quede un
poco en la fiesta. Animó el chico.
Tanto Sirius como James pensaron en quedarse con él pero Peter los
obligó a renunciar a sus pensamientos cuando prácticamente les suplicó que
lo acompañaran a Hosmeade pues unos chicos lo habían estado molestando y
temía que lo volvieran a hacer.
El par de chicos asintió de mala gana, porque Peter era demasiado bajito y
débil como para enfrentarse a alguien y ellos eran sus amigos y tenían que
ayudarle. Todo fuera por el bien de los dulces.
-Te traeremos galletas. Susurró Sirius con complicidad.
-Y café Irlandés. Asegundó James, sujetando su túnica.
Remus sonrió. Aquellas cosas le fascinaban y se animó un poco con
la idea de probarlas. También hacía mucho que no comía de aquello.
Cuando el último jugador se hubiera ido, Remus respiró hondo y exhaló tan
profundamente que estuvo seguro que sus pulmones se vaciaron del aire
acumulado.
La soledad era su aliada desde hacia unos meses y la verdad la necesitaba.
Combinar actividades lo estaba matando. Su cuerpo estaba demasiado cansado y
los regaños de Raiya no ayudaban en mucho.
Desde aquel combate a muerte, la egipcia había decidido continuar
con el nivel normal de entrenamiento, pero con mayor intensidad, al igual que
sus clases de Egipcio, Jeroglíficos, Artes Oscuras avanzadas y un par de
materias más que diversos magos las impartían en el aula más apartada del
ala oeste del castillo.
Toda aquella presión lo estaba aturdiendo y seguro estaba de que
algún día no muy lejano, explotaría y lo primero que haría sería poner al
par de egipcios en su lugar y después lanzarse a los brazos de su amado
Severus, con el que había estado soñando las últimas noches y no
precisamente sueños “inocentes”.
Se sonrojó un poco al recordar uno en especial, donde Severus lo
abrazaba por la espalda y comenzaba a besarlo lenta y apasionadamente, como
solo él sabía hacerlo.
Cerró los ojos y por un momento recordó la sensación de éxtasis completo
bajo los brazos del estoico chico. Su piel entera tembló y ante la
frustración y desilusión de saber que no podía tenerle, se puso en marcha.
Una ducha era lo que necesitaba en ese momento.
El agua caliente dejó que sus músculos se sintieran mucho mejor y
que su cabeza pudiera estar en paz consigo misma.
Con paciencia infinita tomó el jabón y lo pasó por sus brazos, acariciando
la piel que a su paso se teñía de blancas burbujas.
-Sev. Suspiró, como si sus propias caricias fueran las manos del
Slytherin.-Perdóname pero...no quiero que te suceda nada. A pesar de mis
deseos por estar contigo, no puedo arriesgarme a que ella...te mate. Murmuró,
dejando reposar su frente en el azulejo frío de la pared.
A veces pensaba que toda su vida era un sueño y que cuando
despertara se reiría de ello. Necesitaba de los brazos amados para sentirse a
salvo y con fuerzas pero con Raiya merodeando por su mente y amistades, no
podía darse el lujo de arriesgarse, mejor dicho, “arriesgarle” a ser
descubierto y recibir la peor de las torturas.
Tan absorto en sus pensamientos estaba, que no percibió cuando una
figura aseguró la puerta de los vestidores y se despojó con soltura de sus
ropas.
Frente a él y de espaldas, se encontraba la criatura más hermosa que nadie
hubiera visto jamás y a pesar de las amenazas de no acercarse a él, lo
haría, porque simplemente...ya no soportaba estar sin él.
Noches soñando con su cuerpo, con tenerlo en sus brazos y hacerle
el amor una y otra vez se repetían en su memoria.
Despertaba excitado y tenía que conformarse con ser él mismo el “salvador”
de sus plegarias. Pero no era lo mismo y auque hubiera podido conseguir
consuelo de inmediato...no lo hacía porque solo un nombre repetía su piel y
su cabeza: Remus Lupin.
Avanzó pendiente de los movimientos del chico pálido que aun no se
percataba de su presencia.
A escasos cinco centímetros de distancia se detuvo y admiró la firmeza de
esas largas piernas, de los brazos levemente musculosos y de esa espalda y
glúteos que lo volvían loco.
Remus ahora acariciaba su cuello con el jabón de lavanda que tan
bien contrastaba con su shampoo.
Sintió el impulso de comérselo a besos, de llenarlo de pasión para
inmediatamente después tomarlo con toda la lujuria presa en su interior; más
se contuvo, todo tenía que ser realizado con delicadeza y a su debido tiempo.
Era solo cuestión de un poco de paciencia, aquella que en realidad no tenía.
Remus cerró los ojos y dejó que el agua corriera por su rostro.
Volvía a sentir el cuerpo tenso y no precisamente por cansancio, sino por
frustración de diferente tipo.
En ese momento pensó en darlo todo por alguna clase de contacto físico, por
un beso o una simple caricia que borrara por unos segundos su existencia, que
lo llevara a fantasear y a sentir libre de expresar y gritarlo todo.
Bajó las manos por su cintura y masajeó suavemente, casi rayando
en la sensualidad, dejando que sus manos danzaran por todo el cuerpo mojado y
rendido a sus propias caricias.
Rozó su hombría, la cual comenzaba a reaccionaba lentamente. Despacio posó
su pierna en un pequeño espacio en la pared que solía utilizarse para poner
los accesorios del aseo personal,
deslizó sus manos por el muslo, haciendo suaves figuras sobre su piel y
alimentando su deseo de más contacto, de más caricias que aunque suyas,
estaban logrando su cometido.
Con lentitud y sin dejar de desear, bajó su pierna izquierda,
dispuesto a hacer lo mismo con la derecha, pero en su recorrido, algo lo
detuvo.
Sintió unas manos en su cintura o mejor dicho, un cálido toque que lo hizo
estremecer sin duda, haciéndole disfrutar y gemir un poco ante las corrientes
electrizantes que le erizaban el cuerpo.
Percibió después una boca subir por su espalda y una lengua ávida
deslizarse por sus brazos. Aquello no podía ser un sueño y francamente no le
importaba.
-Apetecible y sensualmente delicioso como siempre...mi querido
cachorro. Le susurraron al oído con calidez infinita. La voz lo hizo
estremecer y por primera vez en
ese tiempo se sintió alegre.
-Lucius. Gimió sin poder evitarlo, pues los labios del rubio
besaban con lentitud su cuello.
-Esperé por esto toda la semana. Estaba seguro de que te
quedarías solo. Murmuró sin dejar de besar y de acariciar con sus manos el
abdomen de Remus, el cual no hizo el intento por detenerlo o enfrentarlo.
Aquella posición era bastante cómoda y sentir el pecho cálido y mojado del
rubio contra su espalda, era erizarte.-No sabes lo que te deseo, lo que te he
añorado y ahora mis sueños se hacen realidad.
-¿Cómo...sabías que estaría solo?. Suspiró recostando su
cabeza en el hombro del rubio mientras este le acariciaba el torso.
-Te conozco lo suficiente como para saber que después de algo
agotador, una ducha relajante es tú prioridad, aun antes de cualquier
responsabilidad. Bajó y besó los hombros, mordiendo levemente alguno,
acariciando la cintura y la erección ya evidente de su pálido amante.
-Yo...No podía pensar ni articular palabra, sinceramente no
contaba con la aparición de Lucius en el lugar, pero no podía quejarse.
-Déjame amarte. Le propuso Lucius, mordiendo el lóbulo del oído
de Remus.- Te necesito tanto como tú a mí. Dijo, pegándose aun más al
cuerpo de Remus, dejándole sentir su erección.
Remus cerró los ojos y disfrutó del agua correr sobre sus
cuerpos, de la tranquilidad y fogosidad que ya casi había olvidado, pero
sobre todo de aquella necesidad de ser amado que tenía.
Por supuesto que iba a permitirle todo lo que el rubio deseara, no tenía ni
las fuerzas ni el deseo de apartarse. Aquello era el paraíso.
Lucius lamió el cuello del chico pálido y muy despacio le hizo
enfrentarlo, viendo de cerca las doradas orbes de su amante, que brillaron al
mirarle.
El rubio entonces dejó de moverse y admiró simplemente el rostro levemente
sonrojado, la respiración entrecortada y la divinidad proyectada de Remus.
Simplemente le amaba.
Remus miró que el platinado y mojado cabello de Lucius, caía
seductoramente sobre su espalda y hombros hasta tocar el pecho blanco que
subía y bajaba sin un compás determinado.
Admiró los grises ojos que brillaron a su encuentro y los labios
entreabiertos que se mantenían esperanzados a algo más.
No pudo resistirlo y con una sonrisa se acercó para besarle, demostrando
entonces que toda la frialdad e indiferencia que le había mostrado al rubio,
desaparecía para dar paso a su carácter normal y despreocupado. En ese
momento ni Raiya ni nadie podría detenerlo.
Lucius sintió los labios de su cachorro y de inmediato
correspondió a la caricia con fogosidad, disfrutando del movimiento rítmico
y exquisito.
Remus buscó la lengua del rubio, encontrándola deseosa de más y dejó que
él ganara la seguramente pelea por el dominio, no deseaba desperdiciar ni un
segundo y sentir que el rubio le besaba con pasión, era todo lo que
necesitaba.
Lucius mordió el labio superior del chico pálido y se estremeció
cuando este lamió su labio inferior con su lengua.
Remus retrocedió y el frío azulejo le hizo dar un paso hacia delante,
encontrándose con el cuerpo y la erección del rubio, la cual incitaba a la
suya, provocándole lo inimaginable.
El rubio separó sus labios para besar la mejilla izquierda de
Remus, saboreando las gotas de agua que juguetonas bajaban por su rostro.
Sintió como su cachorro acariciaba su espalda y posaba las manos en
su cadera, incitándole a “bailar” con él.
Lucius comprendió y guiado por las diestras manos comenzó a moverse y a
percibir los gemidos que su cachorro dejaba escapar. Amó con locura la
expresión de deseo, de pecaminosa soltura e iniciativa al sentir como Remus
se movía de arriba a bajo provocándole un mar de desconocidas sensaciones.
-Remus. Suspiró Lucius volviendo a besarle, a sentir sus labios,
su lengua, su calor tibio que ni el agua podía llegar a semejar.
Remus se deshizo de los labios del rubio y comenzó a besar y a
bajar por el atlético cuerpo de Lucius Mafoy, quién jadeaba y le permitía
todo el acceso que pudiera desear.
El chico pálido mordió levemente una de las endurecidas tetillas del rubio y
le arrancó un grito de anhelo al tocar su erección palpitante.
Podía sentir el agua bajar por el cuerpo de Lucius y beber de ella como si de
manantial se tratara.
Llegó entonces a la erección del rubio y lamió un poco con descaro,
provocando un gemido largo e insitante. Sonrió, le gustaba hacerle eso a
Lucius, siempre se desquitaba de él de la mejor forma posible.
-Hazlo Remus. Habló el rubio y Remus no tubo que pensarlo
demasiado pues casi instantáneamente succionó la erección del rubio, quién
se apoyó con ambas manos en la pared para evitar caer.
Remus jugó un poco, era el maestro en la materia y le impidió a
Lucius empujar demasiado, le fascinaba sentir su enfado por aquella acción.
Sus manos posadas en las caderas del rubio le acariciaban sin parara, mandando
descargas por todo el cuerpo del Slytherin, el cual reaccionaba con gemidos,
suspiros o intentos desesperados por librarse de aquel control y hacerle
sucumbir.
Antes de que Lucius terminara, Remus se apartó, disfrutando un poco de la
semilla de su amante, el cual le abrazó de inmediato. Dejando de lado la
fría pared que ahora su espalda sentía.
-Hazme tuyo Lucius. Murmuró Remus cuando el rubio acarició su
erección y lamió su cuello como “venganza”.
-Serás mío entonces. Asintió el rubio mirándole detenidamente.
Ese era el Remus que amaba y que veneraba como a nadie en la vida.
Ese era el chico que le había robado el corazón e incitado a
cambiar y a realizar cosas que jamás hubiera imaginado.
Suyo, su cachorro, su amor. El chico frente a él era su Remus y pretendía
borrar con sus caricias todo rastro de dolor y frialdad.
Acarició la cicatriz de su pecho, recordando las horas en vela que pasó
caminando por su habitación, adivinando si él estaba bien o no; recordando
también como se había arriesgado por...
-Lo hice por ustedes. Murmuró Remus, como adivinando sus
pensamientos.
Lucius sonrió y con la lengua trazó el largo de aquella cicatriz
que no merecía estar en la piel tersa y divina de su amor.
Remus disfrutó de aquello y olvidándolo todo se dejó querer.
Lucius entonces lo elevó un poco, comprobando lo ligero que su cachorro se
había vuelto.
-Comes mal. Aseguró mirando al chico, que desvió la mirada. Remus
siempre hacía eso cuando alguien había dado en el meollo de las cosas.
Lucius besó sus labios y Remus enredó sus piernas en la cintura
de su amante mientras sus manos viajaban a los hombros de este y su espalda
chocaba con la pared, en busca de apoyo.
Remus sintió muy cerca la erección del rubio y lo abrazó cuando este
lentamente lo fue penetrando sin lubricación de por medio.
Lo único sobre ellos eran las gotas de agua y el sonido de la regadera a sus
espaldas. El agua aun continuaba corriendo.
-Lo siento. Musitó Lucius al sentir la estrechez y tensión en el
cuerpo del cachorro.
-Continua...se siente....bien. Respondió él, mordiendo un poco el
cuello blanco frente a él.
Lucius entró completamente en el cuerpo de su amante, después de
un par de envestidas más y se detuvo un poco ante el lamento que la garganta
de Remus dejó escapar.
-¿Te hice daño?. Dijo a su oído, besándolo como compensación
por el dolor.
-No, solo que...olvidé por un momento lo que se sentía.
Respondió apoyando su cabeza en el hombro de su amante. Cerró los ojos y
dejó que su cuerpo se acostumbrara a la intromisión. Aquello se sentía muy
bien.
Tres minutos después, Lucius comenzó a moverse con lentitud, apoyando
una mano en la pared mientras que la otra recorría el cuerpo sobre él.
Sensaciones mágicas regresaron a ambos cuerpos.
Remus dejó al rubio el control de todo, solo sentía como su
cuerpo danzaba cual serpiente hipnotizada sobre el cuerpo estilizado y fogoso
del rubio. Sentía su boca en cuello, hombros y pecho y se estremecía cuando
las envestidas cambiaban de nivel a uno más frenético y sensual.
Ambos gemían y se dejaban llevar por lo que su interior les dictaba.
Y en un momento de locura, Lucius guió a su amante hacia el
pequeño espacio en la pared, se sentó y dejó gemir con fuerza a su cachorro
cuando su hombría tocó el punto vulnerable de su amante.
Lucius devoró nuevamente y con rapidez la boca del chico pálido, mientras
este recorría el torso sudoroso del descontrolado rubio, que tomaba sus
caderas con éxtasis vivido.
-Más...más....Lucius. Gritaba Remus, sin importarle que alguien
pudiera descubrirlos.
-Remus...mi vida. Respondía el frenético Slytherin, ahondando en
sus envestidas y sintiendo como el chico pálido masajeaba su propia hombría.
Cinco o tal vez diez excitantes y eróticas envestidas más
bastaron para que ambos se desbordaran en un orgasmo único e incomparable.
Lucius besó a Remus y este le mordió, dejando que sus espasmos se calmaran
un poco.
Ambos respiraban agitadamente, dejando a la vida regresar a sus cuerpos
agotados.
-Este...ha sido la mejor ducha de mi vida. Susurró Remus,
mordiendo el cuello del rubio.
-Y la mía...te adoro. Le dijo tras un pequeño quejido.
Remus solo sonrió y descansó un poco antes de que ambos se
ducharan y vistieran juntos entre juegos y besos robados.
Después de lo que pareció una eternidad, ambos se vieron frente a la pintura
de la señora gorda, donde varias voces de alegría podían escucharse.
-La fiesta se escucha bastante...bien. Dijo el rubio, sin apartarse
del cuerpo de un Remus que descansaba en su hombro.
-Siento que les hayamos ganado. James es un buen buscador.
-Lo sé. Dijo simplemente, evitando mencionar a cierto buscador de
su casa que seguramente rondaba los pensamientos de su cachorro.
-Lucius, creo que yo...
-No cambies cachorro, no lo hagas. No soporto mirarte frío y
calculador. Yo...amo tú inocencia y cristalinos sentimientos. No permitas que
esa bruja arruine tú vida. Te prometo que hallaré alguna forma de sacarte de
todo esto. Murmuró besando su cuello y mirando las orbes doradas que
parecieron temblar por el sentimiento tan...cálido.
Remus entonces se atrevió a sonreír y a asentir con la cabeza.
Esa tarde había recobrado las fuerzas y el ánimo en brazos del rubio.
Lucius había hecho todo por llegar a él de nueva cuenta, así que se
prometió firmemente encontrar alguna solución a todo aquello.
Raiya no podría mantenerlo atado toda su vida, él necesitaba buscar la
salida para volver a vivir y a disfrutar la vida como siempre lo había hecho,
en los brazos de alguna de las personas que le había ayudado a romper la
jaula mágica de la egipcia.
-Te veré después Lucius. Se despidió Remus, apartando su cuerpo
de la calidez del rubio.
-Te quiero cachorro. Dijo el rubio, besando tiernamente los labios
de su amante y despeinando un poco los húmedos cabellos castaños. Sus
palabra le daban la tan anhelada esperanza.
Remus sonrió y dio media vuelta para ingresar en la sala común de
Gryffindor, la cual se hallaba en el clímax de la fiesta.
-¿En donde estabas Moony?. Preguntó Sirius un tanto enfadado.
-Estábamos preocupados por ti. Asegundó James.
Remus sonrió y antes de que alguien lo halara hacia la “pista de
baile” gritó:
-Tomando la ducha más maravillosa de toda mi vida.
Después de tanto sufrir, encontré la forma de integrar un
Lemon...¡siiiiiiii!.
Espero que lo hayan disfrutado.
Lucius a las andadas, el cachorro volvió a sonreír y Sev,
¿en donde queda?.
En el próximo capitulo lo verán, a ver si no se queda
atrás,
porque el rubio le ganó la iniciativa. Jip.
Gracias por leer, recordando que sus comentarios me hacen existir en este maravilloso mundo.
Todo saben que estos personajes son de su mamá J. K. Rowling y
que escribo de Fan para Fans, sin fin de lucro.
Nos vemos a la próxima y escríbanme a cualquiera de mis tres
direcciones. Recordando que el intermedio está cerca y con ello un nuevo
Little Draco.