|
|
|
Después de casi 10 capítulos de esta Saga ^^ he decidido hacer un pequeño intermedio donde alguien muy especial vuelve a aparecer.
Esto lo dedico a cuatro personas: Claudia, Doris (mis bellas
musas, luz y estrella de mi vida respectivamente y amigas inspiradoras),
CHIBI, lindura de niña, espero que siempre continúes así ^_^ y por último
y no menos importante a eastmania (sorry querida, pero nome has dicho tu nombre lindura o_o)
quien me pidió que este “pequeño príncipe elfo” volviera a aparecer.
Espero no decepcionarte ^^
Bien, sin más preámbulo...comencemos.
=
INTERMEDIO =
* * TO KNOW
YOURSELF**
Sonrió
al bajar del transporte, el día era bastante claro y los rayos de sol le
dieron directamente en el rostro pero eso no le impidió sentirse excitado.
Avanzó un poco para ver el numeroso
grupo de magos y brujas que charlaban, reían y disfrutaban de las compras.
-No te alejes mucho. Escuchó que le
decían, mientras miraba como un grupo de niños de su edad reían
estrepitosamente por la nueva colección de barajas explosivas con logotipos
de magos famosos.
Snowfall-ville era un pintoresco pueblo
Irlandés donde casi toda la alta sociedad mágica hacia compras lujosas que
después presumía o simplemente pasaban unas bonitas vacaciones y días de
descanso.
El clima era algo frío, en realidad
siempre lo era pues como el nombre del pueblo lo indicaba, siempre nevaba y
esto atraía turistas y hacía un ambiente por demás agradable a aquellos que
deseaban salir de la rutina.
-¿A dónde vamos?. Cuestionó tomando
la mano que su padre le tendía.
-Tengo que cerrar algunos asuntos con
varios hombres, visitar a un par de personas y después iremos a comprar lo
que desees. Respondió el hombre mirando a ambas direcciones antes de cruzar
la calle.
-Que aburrido. Murmuró, mirando al
mismo grupo de niños doblar una esquina.
-Debes aprender a ser paciente, esto te
servirá en el futuro.
-¿Para qué?. Preguntó mirando el
perfil de su padre.
-Para todo Draco, para todo. Respondió
con exasperación. Se suponía que alguien los estaría esperando frente a la
tienda de antigüedades y al parecer no había nadie.
Draco Malfoy prefirió callar y no ver
molesto a su padre con él. Le gustaba más verlo sonreír, verlo reír y
acariciarle con ternura cada vez que le relataba una historia o le hablaba
sobre “él”.
Pero fuera de la intimidad de ellos dos,
su padre era un hombre altivo, frívolo, dominante y orgullosos que hacía su
voluntad donde y con quien lo deseaba y que incluso humillaba personas que no
lo merecían.
La sonrisa que sus labios revelaban
entonces era cínica, diabólica, como si disfrutara de las maldades que
hacía y eso le asustaba...no quería verlo así y sin embargo sabía, que
así tenía que ser.
-“A solas somos padre e hijo, pero
allá afuera tenemos que ser rudos cazadores y reclamar lo propio. No debemos
mostrar sentimentalismo, eso podría costarnos caro y entonces lo perderíamos
todo. El orgullo ante todo”. Solía decirle su padre, siempre que le
cuestionaba sobre su cambio drástico decarácter.
Si estaba ahí, escuchando a su padre
maldecir entre dientes y jurando lanzar hechizos sin ton ni son, no era
exactamente por voluntad propia.
Le fascinaba salir con su padre a
pasear, de compras y a cualquier lugar donde el hombre rubio pudiera ser el
Lucius Malfoy que conocía, pero en aquella ocasión su madre le había
obligado a ir con él, para según ella, compartir más tiempo como padre e
hijo.
Su padre no reclamó a la idea pero si
le puso en claro que viaje de placer no era y que tendría que comportarse a
la altura de un Malfoy.
Odiaba fingir para caerle bien a las
personas y sonreír o en su caso ser petulante con algunos. Lo odiaba.
Miró las calles nevadas, sin duda el
lugar era enorme y muy llamativo, perfecto para fiestas navideñas. Frente a
él una dulcería se encontraba y a su lado una juguetería.
Sus ojos grises brillaron, podría tener
miles de juguetes pero jamás se cansaría de tener más, era mimado por ser
unigénito, y en ocasiones era algo malcriado y exigente, su propia nana no lo
soportaba y reía ante la imposibilidad de la mujer por hacerle comprender que
su comportamiento estaba mal.
Él pensaba que si su padre era así,
¿por qué el no lo sería?.
-Quiero ir ahí. Señalo la tienda,
jalando la mano de su distraído padre.
Lucius miró y frunció el entrecejo.
-Ahora no Draco.
-Pero quiero algo. Dijo mirando de forma
implorante a su alto padre.
-Ahora no. Solo pronunció el hombre.
-Yo quiero juguetes y tú me los
comprarás porque eres mi papá y tienes que hacerlo porque sino voy a gritar.
Se enfadó el niño.
-No.
-Pero tienes que hacerlo...
-Basta Draco, ya dije que ahora no y
punto. Que hagas lo que quieras con tú madre y nana no significa que lo
harás conmigo, ¿entendiste?. Retó, casi gritando, mirándole duramente.
Draco agachó la cabeza y asintió. Sin
duda ese día su padre estaba enfadado.
Se soltó del agarre de su padre y se
alejó de él unos cuantos centímetros. Sus ojitos se llenaron de lágrimas y
volteó el rostro, un Malfoy no lloraba pero le dolía tanto que su amado
padre le tratara tan diferente a como era en realidad. Era un sentimiento
helado, muy cruel; ahora sabía con exactitud lo que los infelices oponentes
de su padre sentían ante sus palabras, ahora comprendía.
Suspiró y reprimió el llanto, no
podía demostrarle a su padre que estaba llorando, no podía y sin embargo las
lágrimas comenzaron a surcar su blanco rostro y a llenarlo de gotas que
caían una tras otra con rapidez.
Se miró en la vitrina de la tienda y
vio lo patéticamente estúpido que se veía, pero no podía evitarlo, su
interior dolía. No deseaba que su padre fuera duro y frío con él, no lo
deseaba.
-“Eres malo. Sonreía su reflejo.- Por
eso tu padre te reto. Todo por tú culpa.” Decía el reflejo y entonces el
corazón del niño se oprimió.
-Soy malo. Dijo en voz alta, con la
inocencia y el dolor de haberse dado cuenta de lo que la “maldad” era.
Lucius le miró y entonces el corazón
se le rompió en mil pedazos. No era su intención hablarle así a su hijo, no
a la única razón de amor que le quedaba, pero cuando se encontraba
presionado no sabía lo que decía.
-Draco. Llamó acercándose a la
pequeña figura que trataba de limpiar sus lágrimas con los mitones de sus
manos. -Draco. Volvió a llamar sin conseguir respuesta.
Más el niño no respondió, continuaba
con la vista baja dejando que aquellas gotas saladas salieran sin ser
detenidas ya.
Lucius tomó la barbilla de su hijo e
hizo que le mirara a los ojos.
-Draco, hijo yo...
-Soy malo papá yo lo se. Murmuró
desviando la mirada.
-No lo eres Draco, jamás lo serás.
-Lo soy, lo soy, por eso te enfadaste
conmigo, porque soy malo y porque...ojalá “él” estuviera aquí conmigo,
él si me entendería.
Un poco de ira consigo mismo fue en lo
que terminó aquel llanto y sin más que decir se alejó de su padre y echó a
correr con los gritos del rubio siguiéndole a escasos metros de distancia.
No podía volver, no quería. No era
digno de ser llamado Draco Malfoy porque simplemente no lo merecía. Era malo
y por ello su padre se había enfadado.
Continuó corriendo con su padre
detrás. Tenía cinco años pero corría ágilmente, sería seguramente un
buen atleta en el futuro.
Dobló una esquina, callejón cerrado.
Sentía que su padre estaba a punto de alcanzarlo y no lo quería, no deseaba
regresar con él y sentir su frialdad nuevamente, solo quería...esfumarse.
Sintió como una mano lo halaba y lo
introducía en una puerta a su derecha, después escuchó el sonido de esta
cerrarse y a continuación los gritos de su padre, apagándose ya conforme se
alejaba de la puerta.
El miedo lo inundó y al sentir que
alguien lo sentaba en lo que parecía una silla, tembló.
-Vaya, vaya, miren lo que la nevada de
hoy nos trajo. Un niño rico que ha escapado de casa. Anunció una voz y al
instante varias luces se encendieron.
Draco parpadeó ante el cambio brusco de
iluminación y cuando logró enfocar algo, se encontró sentado en el centro
de varios chicos...los chicos que viera pasar a su arribo a la ciudad.
-¿Qué haces solo niño?. Le cuestionó
un chico pelirrojo que parecía ser el jefe.
-Nada. Respondió y trató de recuperar
su postura. La dignidad ante todo.
-¿Nada?, que extraño. ¿No será a
caso que en realidad eres un ladronzuelo que se ha llevado algo?. Preguntó el
chico pelirrojo, mientras le tocaba la fina chaqueta gris.
-Yo no haría algo así, no tengo
necesidad. Respondió altivo el niño, dando un empujón al otro chico.
¿Cómo se atrevían a insultarle de aquella manera?.
-Vaya, vaya, “Small flea” tiene
agallas. Rió el chico mientras que los otros cuatro chicos lo hacán
también.-Esto es bueno, dime, ¿cómo te llamas?.
-No te importa. Respondió Draco, sus
ojos antes acuosos revelaron un color más oscuro, mirada frívola.
-Mmm...sabes algo, no te conviene ser
tan grosero niño, recuerda que ahora estás en nuestro territorio y si
queremos, podemos hacerte mucho daño.
Draco no se inmutó, comenzaba a
contraer los músculos de su rostro y sus puños friccionaban con gran fuerza,
nadie jamás le había hablado de esa manera tan insolente.
-A mi no me importa, déjenme salir o mi
padre...
-Huy si, tu padre. Rió el pelirrojo.
-Es funcionario del Ministerio, él
puede despellejarte vivo si llegas a tocarme. Fiereza y decisión en la
mirada. No podía permitir que le humillaran pero tenía que ser cuidadoso,
eran cinco contra él solo.
-Mira “Small flea” aquí no existe
el ministerio ni ninguna de sus estúpidas leyes, ¿comprendes?, aquí
nosotros hacemos nuestras leyes. Sonrió el chico y Draco entonces comprendió
que tenía razón. Ahí, estaba solo y de nada le servían las influencias de
su padre.
-¿Qué quieren?. Preguntó el niño con
un poco de temor.
-¿Qué se supone que buscamos
nosotros?. Preguntó un chico moreno, como si de cosa obvia se tratara.
-¿Dinero?. Tartamudeó el rubio.
-Bingo. Gritaron los cinco chicos frente
a él.
-Pero yo no tengo dinero. No tengo nada.
-Mmm, eso es malo...¿qué podemos hacer
entonces?. Cuestionó el pelirrojo con “aflicción”.
-Sus ropas son bonitas, podríamos
venderlas a altos precios. Sugirió uno de los chicos y al pelirrojo pareció
agradarle esa idea.
-Bien, perfecto, me gusta la idea,
podríamos sacar bastantes galeones por ellas. Bien niño, quítate la ropa.
-No quiero. Dijo Draco y al instante se
levantó de la silla para tratar de escapar de ahí.
-Lo harás niño, es el precio por
cruzar nuestros territorios sin permiso y da gracias por no hacerte nada
más...no estoy de humor, así que entrega la ropa de forma civilizada o
atente a las consecuencias. Amenazó el pelirrojo.
-No. Dijo el niño rubio,
arrinconándose contra la puerta cerrada y comenzando a llorar. ¿Por qué le
ocurrían esas cosas a él?.
-Bien, tú lo quisiste. A él muchachos.
Ordenó el pelirrojo que en realidad no tenía más de 12 años.
Los otros chicos se abalanzaron hacia un
Draco que trataba inútilmente de defenderse pero ni todas las fuerzas del
mundo pudieron evitar que los chicos le golpearan, le robaran su acogedora
túnica, su fina camisa, mitones y los zapatos de piel que su padre le
regalara.
Cuando se dio cuenta el forcejeo había
terminado y por su amoratada mejilla se deslizaban lágrimas de impotencia,
odio y miedo.
-Bien, ahora sáquenlo de aquí, ya no
quiero verlo. Por cierto “Small flea”, Snowfall-ville es muy frío y solo
a un loco se le ocurriría salir en tus condiciones a la calle. Suerte allá
afuera y ni se te ocurra abrir la boca niño, aquí todos somos “decentes”
y nadie te creerá ni una palabra. Chao. Se despidió el pelirrojo y los
demás chicos lo lanzaron a la calle, cerrando la puerta tras el rubio.
Draco entonces percibió el helado
ambiente y pensó que moriría al instante. No daba crédito a lo que acaba de
sucederle. Le habían robado, golpeado el rostro y ni su pedante carácter o
la mención de su padre le ayudaron.
El llanto apareció de nuevo pero esta
vez por el miedo y la ira contenida.
Lloró horas y se recostó en el nevado
piso. No deseaba moverse, ya no quería hacer nada. Su cuerpo estaba congelado
y sus manos azuladas le decían que pronto el fin llegaría.
A su mente acudieron las imágenes del
día y concluyó que todo lo tenía merecido, todo era su culpa, por ser un
niño malo, desobediente y pedante.
Pensó que cuando su padre lo
encontrara, si es que lo hacía, estaría convertido en una enorme barra de
hielo o cubierto por montañas de nieve.
-Es lo mejor. Se dijo con voz quebrada,
ronca por el frío.
Cerró los ojos y prefirió no sentir
nada. Ya no podía llorar más pues las lágrimas se habían congelado, pero
si pudo suspirar y abandonar la conciencia.
****
Entreabrió
los ojos y con debilidad miró una pequeña lucecita en lo que parecía el
techo de algo. Volvió a cerrarlos pero el olor a comida le hizo abrir
nuevamente los ojos y encontrarse con una habitación.
Trató de incorporarse pero no pudo, las
piernas le dolían, así que decidió quedarse acostado e indagar un poco.
Recordaba la huida, a los chicos “malos”
y estar en el nevado piso sin ropa....hizo un esfuerzo por recordarlo todo y
cuando lo hizo no supo si sentirse feliz o no.
No sabía en donde estaba, o quién lo
había encontrado, mucho menos si estaba vivo o muerto...una incertidumbre que
no podía disipar por mucho que lo deseara.
Sus ojos comenzaron a llenarse de
lágrimas.
-Quiero a mi papi. Murmuró, tratando de
no sollozar tan alto.
En ese momento la puerta de la
habitación se abrió y Draco limpió sus lágrimas, tapándose el rostro con
las acogedoras pero desgastadas mantas.
-Oh, ya despertaste, me alegra mucho.
Escuchó que una suave voz le decía.
- ¿Te encuentras bien?. Le preguntaron,
mientras escuchaba un ruido de algo.
No quiso ni siquiera moverse. Estaba muy
asustado, no sabía con quien o con que clase de persona se enfrentaba. Ya no
quería ser lastimado, era malo, pero ya era suficiente castigo lo que le
había sucedido.
-¿Te duele algo?, ¿tienes
sueño?...vamos pequeño Lucius, dime algo.
Aquella palabra fue lo que le hizo
descubrir sus ojos un pocos y mirar a un hombre joven sentado junto a él,
sonriéndole e invitándole a confiar.
-No me llamo Lucius. Fue todo lo que su
aun ronca vocecita dejó escuchar.
-Oh, lo siento...¿y cual es tú nombre
entonces?. Preguntó el hombre sin perder su flamante y bella sonrisa.
-Draco...Draco Malfoy. Respondió,
descubriendo su rostro totalmente y enfrentando con mirada temerosa al hombre.
-Sabía que eras un Malfoy, eres
igualito a tú padre. Murmuró el hombre mientras le acariciaba el rostro al
niño.
Draco sintió la caricia como
algo...sobre natural, algo bonito, algo que indescriptiblemente le hacía
sentir bien. Olvidaba el miedo, el dolor e incluso el dolor en sus entumecidas
piernas....era algo que no podía describir pero que si podía sentir a la
perfección.
-¿Usted...conoce a mi papá?. Se animó
a preguntar el rubio después de que el hombre dejara la caricia.
-Si...muy bien. Respondió el joven
hombre con una sonrisa de orilla a orilla.
-¿En verdad?. Cuestionó incrédulo el
niño, con un poco más de confianza y es que no era que desconfiara de la
palabra del hombre, solo que ahora que podía mirarle mejor no parecía de la
clase de personas que su padre frecuentaba.
-Si, aunque me veas con la ropa un poco
gastada y con esta facha de mendigo, nos conocíamos. Dijo riendo el hombre
ante el sonrojo del niño.
-Yo no quise...
-Le traje algo de comer joven Malfoy y
aunque no sean los grandes banquetes a los que está acostumbrado, puedo
decirle que es delicioso. Y acto seguido el hombre tomó un gran tazón y se
lo mostró al niño rubio. Era sopa y olía y se veía deliciosa.
No tuvieron que insistir dos veces
cuando torpemente y un tanto adolorido, Draco se sentó y tomó el tazón que
le ofrecían...estaba hambriento.
El hombre sonrió mientras miraba al
rubio comer con ansia, era sin duda igual a su padre, el mismo carácter
desconfiado, los mismos ojos, el mismo color de cabello....sangre Malfoy y
después de todo inconfundible.
Eso pensó cuando le encontró casi
muerto de frío, inconsciente, en aquel callejón y sin ningún abrigo más
que unos pantalones.
Sin dudarlo siquiera lo tomó en brazos
y lo llevó a su casa. El niño estaba hipotérmico y sin perder tiempo lo
recostó en su cama, lo abrigó y preparó todo tipo de infusión con los
ingredientes que tenía a la mano.
Solo Dios sabía como aquello había
dado resultado; como la azulada piel recuperaba su color habitual y su
respiración y ritmo cardiaco se regulaban. Él sabía lo que el frío podía
hacerle al cuerpo...alguna vez lo experimentó y casi moría.
Aguardó pacientemente a que el niño
abriera los ojos, solo era cuestión de tiempo. Notó la amoratada mejilla y
concluyó que tal vez le habían robado.
Maldijo, era solo un niño, un pequeño
niño, adorable y hermoso. ¿Cómo alguien pudo hacerle daño?.
Draco comió aprisa y sin detenerse a
ver al hombre cuya mirada piadosa le observaba. Terminó lamiendo sus labios,
sin duda no era la comida que en su casa preparaban pero había sido
deliciosa.
-¿Quieres más?. Hice bastante.
Ofreció el hombre, tomando el tazón que el niño le tendía.
-No. Respondió, en realidad jamás
comía demasiado pero aquel tazón grande había bastado por aquella ocasión.
-Entonces toma esto, te hará sentir
mejor. Y el hombre le tendió una taza humeante que el chico recibió con algo
de aprehensión.
-Chocolate caliente. Mi madre solía
prepararlo para mi en invierno...es especial. Le guiñó el ojo y sin decir
nada el rubio lo bebió...sabía delicioso.
-Bien, sino es indiscreción joven
Malfoy, ¿qué es lo que hacía en ese callejón, solo y lejos de sus padres?.
Cuestionó el hombre depositando varias cosas sobre una pequeña mesa pero sin
dejar de sonreír. Más que un reclamo era curiosidad.
-Yo...
-Un solitario callejón, en una ciudad
tan helada como esta, no es un lugar muy adecuado para un jovencito como
usted. Sonrió el hombre y con lentitud destapó al niño, el cual lo miró
con incertidumbre.-Sus piernas aun están frías y tengo que continuar
poniendo esta pequeña pomada que preparé para usted. De no haberlo hecho
seguramente hubiera perdido las piernas por el frío.
Draco comprendió y le permitió al
hombre ayudarlo nuevamente. Su cabeza daba vueltas, en menos tiempo del que
esperaba, había conocido la maldad y la bondad enseguida.
El niño sintió como suavemente las
pálidas manos del hombre le masajeaban las piernas y pies para que
recuperaran su color y fortaleza, pudo percibir como el calor regresaba a su
cuerpo y de cómo el hombre hacía su trabajo con enorme entrega y
precaución.
Mirándole mejor era un hombre bastante
joven, tal vez de la edad de su padre; tenía facciones lindas, cabello
castaño veteado de gris, pálida piel, bondad infinita y ojos de un color
raro, pero encantadores. Todo el hombre desprendía bondad y confianza
absoluta y a pesar de lo “pobretón” que su imagen revelaba, le agradó.
Su padre siempre le había enseñado a
mirar altivamente a los menos afortunados que él, en lenguaje de su padre,
pobres invéciles que se arrastraban por monedas y que no merecían su mirada.
Tampoco a magos o brujas con “sangre
contaminada”, decía que aquello era una blasfemia a la verdadera pureza.
Por eso no podía creer que su padre
hubiera tenido algún trato con el hombre que ahora masajeaba su pierna
derecha. Parecía imposible de creer.
-¿Cómo...conoció a mi papá?.
Preguntó indeciso.
-En el colegio...ahí lo conocí.
Respondió el hombre sin apartar su rostro de la tarea que efectuaba.
-¿Eran amigos?.
-Si...algo así. Sonrió el hombre.
-Pero no puedo entender como mi papá y
usted...
-Eran otros tiempos, muy diferentes a
los que ahora son. En ese tiempo no había preocupaciones y su padre, joven
Malfoy, y yo, éramos muy cercanos el uno del otro. Respondió mientras le
miraba a los ojos, haciéndole ver al niño que no mentía.
Draco sonrió. Su padre jamás le había
hablado de amigos verdaderos en el colegio pero seguramente se había olvidado
del pálido hombre frente a él...o tal vez si lo había mencionado.
-¿Cuántos años tiene joven Malfoy?
-Cinco...y me llamo Draco. Se atrevió a
sonreír el niño. Tenía que devolverle el favor al hombre y como poco a poco
estaba ganando su confianza...decidió hacerlo de aquella pequeña forma.
-Bien...Draco, creo que es todo, dentro
de un par de minutos te sentirás mejor y podrás comenzar a caminar.
Comunicó el hombre.
-Yo...este...bueno...quería...
-Comprendo. Sonrió el hombre,
recordando lo difícil que era para un Malfoy dar las gracias.
Draco sonrió, el hombre le comprendía
a la perfección.
-¿Puedo preguntarle algo?. Preguntó el
niño un tanto nervioso.
-Lo que quieras.
-¿Co...cómo se llama?. Cuestionó y
ruborizó un poco por lo dicho. Su padre le había enseñado a no hablar tanto
con los adultos. Ese día había roto demasiadas reglas.
El hombre sonrió y volvió a acariciar
la mejilla del rubio niño, esta había recuperado su suavidad y el color
morado se había ido...no podía permitir que su rostro se marcara con aquel
golpe.
-Remus...Remus solamente. Respondió y
Draco sonrió por vez primera con sinceridad desde que todo lo horrible había
comenzado.
+++
Draco miró como los enormes copos de nieve caían en la ciudad y como
las personas se refugiaban en alguna tienda o casa. Una tormenta se avecinaba
y por vez primera dio gracias por encontrarse en esa pequeña casa, a salvo
del frío.
Un par de horas atrás le prestaron un
enorme camisón, se había levantado de la cama y había caminado con
dificultad, tropezando un par de veces pero siendo sostenido por Remus, el
hombre a quién le debía la vida.
Ahora ya caminaba solo, sintiendo como
la sangre fluía nuevamente y como su cuerpo regresaba a la vida.
Remus le contó el como lo había
encontrado; había salido a caminar un poco y la tienda de antigüedades donde
su padre y él estuvieron parados, era la tienda preferida por el hombre
pálido.
Después de comprar algunas cosas, se
había dirigido a comprar algunos víveres al finalizar la calle. Como si el
destino hubiera estado de acuerdo, un par de galeones se escaparon de las
manos del hombre y rodaron por el callejón donde Draco se encontraba muerto
casi por el frío. Remus lo miró y sin pensarlo lo llevó a su casa.
Lo demás ya lo sabía.
Remus había dado a Draco un pequeño
tour por su casa. Era pequeña con una habitación, un pequeño baño, cocina
demasiado reducida, donde apenas y si cabía una persona, un pequeño comedor
y nada más. El hombre era humilde y se notaba en sus muebles y ropa...según
él, su economía había decaído hacía mucho tiempo y se sostenía de
empleos pequeños que no duraban más de un mes.
Cuando él le preguntó el por qué de
aquello, el hombre solo se encogió de hombros, sonrió y solo pronuncio: “La
luna”.
Draco no comprendió, pero no dijo nada,
ya bastante inoportuno había sido.
Ahora que se encontraba mirando por la
ventana del comedor, pensó en su padre y en lo que pudiera estar haciendo en
ese momento.
Cuando se escapó, él lo había seguido
pero ahora su cuestión era, ¿si aun lo buscaba o no?.
No merecía que nadie se preocupara por
él, era malo, siempre desobedecía y hacía su voluntad y lo comprendió
cuando aquellos chicos le arrebataron sus cosas y lo dejaron afuera,
congelándose.
Solo alguien malo se merecía un castigo
y él lo era.
-¿En que piensas Draco?. Preguntó una
suave voz a su lado.
-En lo malo que soy. Respondió casi sin
darse cuenta. No estaba acostumbrado a revelar sus sentimientos, por lo menos
no a persona que no fuera su padre.
-¿Y por qué dices eso?. Un niño tan
lindo y pequeño no puede ser malo. Remus acaricio los cortos y platinados
cabellos con dulzura.
-Pero yo si. Afirmó suspirando.- Y
papá también.
-¿Tú papá?. Preguntó algo exaltado
el hombre.
-Si...soy malo y por eso él me...
Calló, no podía revelar aquello.
Remus lo miró.
-“Tan igual...tan solo...culpándose
siempre”. Pensó Remus y sin que el niño se lo esperara, le abrazó con
amor, como si ese niño fuera su gran tesoro.
Draco no supo que hacer pero su interior
le dicto que correspondiera a la caricia...se sentía diferente a los abrazos
que su padre le daba pero el sentimiento de seguridad cambiaba...era mayor con
Remus a su lado.
-Tú padre es una persona excepcional
Draco, yo no creo que él pueda decir que eres malo.
-No me quiere. Sollozó el niño
abrazando a Remus.
-Te quiere y porque lo conozco tanto te
digo que te adora, al igual que a tus hermanos y madre. Murmuró el hombre
acariciando la espalda del niño que temblaba un poco por el llanto.
-No tengo hermanos. Murmuró Draco,
mirando a Remus a los ojos.- Soy hijo único. Pronunció, orgulloso de ello.
-Mejor aun por eso. Siendo su unigénito
el cariño es mayor. Guiñó y el niño vislumbró una media sonrisa.- Yo se
que te adora Draco y se también que su carácter es explosivo pero...no lo
hace con malas intenciones, te lo puedo asegurar. Él jamás se atrevería a
dañarte. Y le besó la húmeda mejilla mientras el niño sonreía y se
aferraba al cuello del hombre pálido.
-Yo lo hice enfadar en la mañana, le
dije que quería un juguete y él se molestó. Reveló el niño sin despegarse
del hombre.
-¿Y por eso dices que eres malo?.
El niño asintió sin levantar el
rostro.
Remus sonrió...inocente, más que
Lucius Malfoy.
-¿Y sabes si tu papá estaba enfadado
antes de molestarse contigo?.
-Si...creo que mi papá esperaba a
alguien y no llegaba, por eso estaba molesto.
-¿Lo ves?. Cuestionó como si la puerta
a las mil maravillas se evidenciara.- He ahí el por qué de todo. Solo debes
recordar que tú padre es explosivo, ¿es contigo a caso un ogro?. Preguntó
más serio.
El niño negó y sonrió.
-Es muy bueno solo conmigo, con nadie
más.
-Me alegró. Sonrió Remus.
-¿Entonces no soy malo?. Preguntó el
niño para salir de su duda.
-¿Qué dices tú que es ser malo?.
-Yo...no lo se. Respondió el niño, en
realidad nunca había pensado en ello.
-Uno no es malo por pedir un juguete o
tener el carácter que tú padre te ha inculcado. Eso es solo un pedacito de
vida, nada más.
Eres un angelito Draco, el angelito que
tú padre adora y como tal debes comprenderlo y recordar que cuando llegue a
casa y esté solo contigo, él será el amoroso padre que conoces.
Es uno por fuera pero por dentro...es el
amor en vida. Suspiró sonriéndole al rubio que no alcanzaba a comprender las
palabras de Remus.
-Conoce muy bien a mi papá...él nunca
me había hablado de usted. Dijo el niño con sinceridad, no creía que
alguien tan bueno y comprensivo no fuera nombrado por la boca de su padre.
-Es normal, yo solo fui...un sueño
pasajero. Suspiró y su rostro se volvió triste.
-Además debe tener muchas cosas en la
cabeza, ideas que llevar a cabo, gente que conocer y sobre todo, atender a su
familia. Darte dulzura a ti y...amor a tu madre. Trató de sonreír.
-Mi papá no habla de muchas personas,
él solo habla conmigo, me cuida, me cuenta historias y me habla de...”él”.
Sonrió.
-¿De, “él”?. Preguntó Remus con
intriga.
-Si, su amante. Respondió el niño y
Remus se sonrojó tanto que no pudo esconderlo. Lucius definitivamente estaba
loco como para hablarle a su hijo de un...amante.
-¿Sabe que es un amante?. Cuestionó
Draco con normalidad.
-S...si Draco, lo se. Respondió,
tratando de conservar la calma.
-Pues mi papá me habla de su amante y
de todos los momentos a su lado. Me gusta verlo hablar porque sonríe. Sonríe
tan grande que yo también lo hago, porque se que papá es feliz cuando lo
recuerda y si el es feliz, yo soy feliz. Relató el niño.
-Tú papá debe...querer mucho a esa
persona...¿y tú madre lo sabe?. Cuestionó con una gran duda.
-Si.
-¿Y que dice?.
-Nada, solo lo deja hablar y se marcha a
sus reuniones de señora importante. A ella nunca la van a querer como a “él”.
Explicó Draco con normalidad.
Remus bajó el rostro.
-“¿Acaso Lucius tiene un amante que
está destruyendo a su familia?”. Se cuestionó. Le preocupaba Draco pero al
niño no parecía importarle en lo absoluto que su madre no fuera querida por
su padre.
-¿Y tú padre alguna vez...la quiso?.
-No se...mamá dice que solo querer,
pero jamás la amó. No comprendo eso. Yo solo se que mi mamá es feliz cuando
papá le da dinero para comprar cosas.
-¿Y a ti no te da tristeza eso?.
-No. No me importa. Mientras papá sea
feliz, nada más importa. Sonrió y se dedicó a mirar la tormenta de nieve
por la ventana.
Remus suspiró. Nunca se imaginó que la
familia de Lucius fuera tan...diferente.
-Sabes. Le dijo Draco después de un
momento en silencio.- Me caes bien, me comprendes y conoces a mi papá. Yo
pensé que solo “él” podría ayudarme, pero me da gusto haberte conocido.
Sonrió de forma sincera el niño.
-Y a mi también Draco. Fue un gran
honor. Respondió con otra sonrisa.-Pero...¿a caso tú conoces a...
-No. Mi papá me dice que algún día lo
conoceré. Pero yo lo amo, tanto como mi papá lo hace. Sonrió el niño.
-¿Y, por qué?.
-Por que yo me parezco a papá y “él”
fue su gran amor y también el mío. Me gusta escuchar que papá habla de “él”,
parece como si hablara de un...dulce. Sonrió risueño.
-¿Fue?, ¿eso significa que...
-Dice que hace muchos años dejó de
verlo, pero que él lo ama tanto como nadie lo sabe o imagina. Dice que no
pierde la esperanza de encontrarlo y que cuando lo haga...ya no lo dejará ir.
Remus estaba confundido, no entendía
nada. Ciertamente la vida del rubio siempre fue más clara pero por lo visto
ahora era complicada, igual que la suya.
Indudablemente los destinos y vidas
cambian...¿quién sería el misterioso “él”?. Lo envidió, él mismo ya
no tenía nada y ese hombre misteriosos tenía el amor de dos
Malfoy...peculiar forma de amar.
-Yo no sabía que nevara tanto aquí.
-Si...nieva mucho. Sonrió con
melancolía.
-¿Podemos jugar en la nieve como papá
y yo lo hacemos?. Preguntó esperanzado.
-Lo haremos...cuando la tormenta se haya
terminado. Por ahora es peligroso, después buscaremos a tú padre. Estará
preocupado por ti. Sonrió y revolvió los cabellos del niño.
-¿Qué es eso?. Cuestionó Draco,
señalando un dije que sobresalía del cuello de Remus.
-Oh, esto me lo regaló alguien muy
especial cuando cumplí diecisiete años. Sonrió, mostrándole el dije dorado
con la inicial “L”
-Oh...es oro. Con eso podrías comprar
muchas cosas. Sugirió el niño, el dije era muy bonito y valioso.
-Podría, pero eso significaría
deshacerse de él y me temo que no podría...es el único recuerdo del pasado
que me queda. Murmuró, suspirando.
-Ha...¿y qué significa esa letra?.
-Algunos dicen que es la inicial de mi
apellido. Respondió mientras se acercaba para abrazar al pequeño rubio.- Y
la persona que me lo dio dijo, que era la inicial de su nombre. Era su muy
particular forma de llamarme “suyo” porque alguien más ya me había
reclamado. Susurró, sonriendo por las ocurrencias y Draco no cuestionó
más...Remus le agradaba.
+++
Caminaba cual león enjaulado, hacía horas que la tormenta de nieve
había terminado y el departamento de Seguridad y búsqueda de la ciudad no
tenía noticias de su hijo.
Un día, un día que le pareció eterno.
No había dormido ni comido, solo le importaba volver a ver a su hijo con
bien.
Después de que el niño saliera
corriendo le buscó por toda la ciudad pero Draco simplemente había
desaparecido. Temía que la tormenta lo hubiera aprisionado y...cerró los
ojos, no quería pensar en ello pero después de un día entero sin saber de
su paradero...lo peor se pensaba.
Trataba de ser buen padre pero a veces
las presiones lo exasperaban demasiado y terminaba desquitando su ira con
cualquiera, incluso su hijo.
Para Draco él era una especie
de...héroe, un ser perfecto que solo era dulce con él y con nadie más.
Lo amaba, lo adoraba, era el único
tesoro que le hacía sonreír con su inocencia y el único ser que compartía
sus secretos, alegrías y tristezas, aunque muchas de ellas no las
comprendiera.
Era su hijo, su sangre y vida misma y
desde el momento en que lo vio recostado en la lujosa y amplia cuna que su
abuela le regalara, supo que lo amaría toda la vida y que una nueva razón
por la que vivir se había forjado...ahora eran dos y a ninguna pensaba
fallarle.
Pero ahora su hijo había desaparecido,
al igual que “él”. Recordaba
las palabras dolorosas que su hijo casi gritando había dicho.
-No eres malo Draco...no podrías serlo.
Murmuró, deteniéndose en la ventana para mirar las calles ya transitadas.
“Ojalá “él” estuviera aquí
conmigo, él si me entendería”. Escuchó que su mente repetía las últimas
palabras de su hijo.
Y es que le había hablado tanto de “él”
que...
-Ojalá estuvieras aquí “cachorro”,
tú sabrías solucionar esto y...nos comprenderías. Murmuró con tristeza.
No soportaba el encierro, así que
salió del lujoso hotel donde se había hospedado, salió a caminar y a
continuar buscando a su hijo perdido.
+++
Habían jugado en un parque cercano toda la mañana. Draco era amante
de las batallas de nieve y como Remus no era tan diestro, fue vencido
fácilmente por el niño rubio.
Después hicieron monos de nieve
bastante graciosos, se habían recostado en el piso y hecho ángeles con sus
cuerpos. Draco se hallaba como nuevo, ni rastro de daño alguno.
Ahora se encontraban caminando por la
calle principal, uno de la mano del otro, Draco con sonrisa flamante en el
rostro y Remus...mirando en todas direcciones.
-Y la ropa, bueno...
-Descuida, llegando a tú casa puedes
quemarla. Le sonrió Remus. Su túnica de lana favorita, pantalones encogidos
y jersey de lana era lo que el hombre-lobo había conseguido para que Draco
saliera a la calle. No podía permitir que Draco se presentara ante su padre
sin prenda alguna.
-No lo haré...las guardaré para
recordarte. Sonrió el niño, mientras miraba los escaparates de las tiendas.
Y de momento se detuvieron y Draco fue
arrastrado hacia una calle desierta.
-¿Qué ocurre?. Preguntó el niño sin
comprender nada.
-Tú papá. Respondió Remus.
-¡¡¡SIII!!!, Gritó el niño y a
punto estuvo de salir corriendo pero Remus lo detuvo.
-Escucha Draco yo...tengo que
despedirme.
-Pero a papá le gustará verte. Me
salvaste. Eres su amigo. Dijo el niño sin comprender nada.
-No puedo...escucha Draco. Sonrió y se
inclinó hasta la altura del niño.- Yo...no puedo ver a tú padre, por lo
menos no ahora. No sabes la alegría que me llevo al haberte conocido pero por
el momento, no puedo ver a tú padre.
-¿Pero yo quería...
-Quiero pedirte dos favores. El primero:
No le digas a tú padre mi nombre, por nada en el mundo lo menciones y en
segunda, quiero pedirte que nunca cambies Draco, eres un niño hermoso, tierno
y al que quiero como si fuera mi hijo. No olvides nunca que un poco de
humildad no hace daño a nadie y que sea cual sea tú destino, trata de ser
siempre...como tú padre.
-¿Cómo mi padre?. Preguntó extrañado
de la petición.
-Si, como en realidad es tú padre, ¿comprendes?.
Draco no comprendía, pero asintió de
todas formas, no podía decirle que no a su salvador.
Remus sonrió y lo abrazó con fuerza.
Ese niño tenía firmado un futuro peligroso pero confiaba en que algún día
lo volvería a encontrar y entonces, tal vez, le recordaría las palabras que
no había comprendido.
-Te quiero mucho Draco Malfoy,
recuérdame un poco...hasta pronto. Susurró Remus y después de besar la
mejilla, revolverle los cabellos e introducir algo en el pantalón niño dio
media vuelta y se marchó. Procurando no mirar hacia atrás...estaba seguro
que lo volvería a encontrar y entonces...”se lo regresaría”.
Draco miró la figura de Remus alejarse, quiso correr y aferrarse al
hombre pero sabía que tenía que regresar con su familia. Había comprendido
muchas cosas y sonrió.
-¡DRACO!. Gritaron y al instante
sintió unos cálidos brazos en su cuerpo y la voz de alegría de su padre.
-Pensé, pensé.....Gracias, gracias.
Decía mientras miraba a su hijo, lo abrazaba y besaba sin inhibición.
El niño miró entonces que el Lucius
Malfoy que su padre aparentaba con los demás no existía, ante él estaba su
padre, el ser que quería con todas sus fuerzas.
-¿Estas bien, no te duele nada...qué
pasó contigo?. Preguntó el rubio aun emocionado y preocupado por la salud de
su hijo.
-Estoy bien, gracias a Rem...a un hombre
que me ayudó. Respondió Draco recordando su promesa.
-¿Y en donde está?.
-No lo se...se fue después de que te
encontró en la calle...pero me dijo que siempre lo recordara. Respondió
mientras Lucius lo tomaba en brazos para llevarlo al hotel.
-¿Y esa ropa?.
-Me la dio él...la mía se perdió.
El rubio frunció el entrecejo pero
volvió a sonreír. Su hijo estaba con bien y eso era todo lo que le
importaba.
Lucius hizo que un medimago revisara a
su hijo y este lo encontró en buen estado, con excelente salud. Sin duda el
hombre que había cuidado de él sabía como hacerlo.
-Papá...yo quiero decirte...
-Descansa Draco...olvídalo todo. Esto
fue solo una pesadilla. Cambiaré. Le susurró el rubio mientras lo cubría
con varias mantas. Su hijo debía descansar.
Draco sonrió y supo y confirmó que no
era malo, solo un tanto caprichoso pero no malo y que su padre lo amaba más
que todo el oro del mundo.
-“Él” tenía razón papá...me
quieres mucho. Murmuró bostezando y cerrando los ojos. Estaba muy cansado.
-¿Él, quién?. Indagó el rubio sin
comprender.
-“Él”, el bonito hombre que me
salvo. Bostezó.- El hombre que me prestó...esto, es importante para él y
tengo que...regresarlo algún...día . Dijo, enseñándole un objeto a su
padre, el cual dejó en la cama y en el acto cayó dormido.
Lucius se acercó a su hijo y la gris
mirada se llenó de llanto.
Junto a su hijo un dije de oro con la
letra “L” se encontraba. Lo tomó en sus manos y lo oprimió en su mano.
Un par de lágrimas cayeron de su rostro
y se sentó al lado de su hijo. Ahora comprendía muchas cosas.
-Si Draco, algún día tendremos que
regresárselo y darle las gracias por habérte cuidado, pero mientras
tanto...Gracias Mi Amor. Susurró, oprimiendo aun más el dije y acariciando
los platinados cabellos de su durmiente hijo.
Sonrió, Draco soñaba con algún día
conocer a su gran amor y ahora lo había hecho pero el niño...no lo sabía.
Solo sabía que había conocido a un gran hombre.
Espero que este
intermedio haya sido de su agrado.
Aun hay cosas
que revelar pero ya les he adelantado poquito ^_^
Un “Little Draco” siempre será una delicia para mi..es
tan lindo.
Agradezco por tomarse su tiempo y leer mis historias.
No olviden mandarme sus comentarios a cualquiera de mis tres
direcciones...recordando que los personajes son de su mami J. K. Rowling y que
hago esto de fan para fan, sin fin de lucro.
Cuídense y los veo en el capitulo 10: